Estaba acurrucada en la esquina más oscura de esa habitación fría en la base secreta. Lágrimas calientes rodaban por mis mejillas. Tres años sin un hombre. Tres años fantaseando con el culo perfecto de Moulderch. Y ahora, verlo chupado por ese tipo. Mi mundo se derrumbaba. El estómago vacío me dolía. El coño palpitaba de rabia y necesidad.
Escuché un murmullo. Pequeño. Tembloroso. ‘Teléfono… casa’. Me limpié la cara. Miré abajo. Un dedo. Largo. Grueso. Brillante. De un ser diminuto, arrugado, como de película. Se tendía hacia mí. Curioso. Invitador. Mi corazón latió fuerte. ¿Qué coño era esto? Miedo. ¿Y si era uno de ellos? Excitación. Hacía tanto que nada me tocaba ahí abajo. Nervios me subieron por la espina. Sudor frío. Pero el deseo ganó. Después de tres años, esto serviría. Solo esta vez. La primera.
La Aproximación: Espera, miedo y deseo
Respiré hondo. Manos temblorosas bajaron la falda. Ya sin bragas desde la mañana. Coño expuesto. Húmedo de anticipación traicionera. El dedo se acercó. Brillaba suave. Extraño. No humano. Me mordí el labio. ¿Y si duele? ¿Y si es asqueroso? Pero el vacío ardía. Lo guíe con la mano. Temblaba. Rozó mis labios vaginales primero. Frío. Luego cálido. Vibrante. Un escalofrío me recorrió. Nervios puros. Empujé un poco. Entró. Lento. Grueso. Llenaba. Maladroite. Se doblaba raro. Gemí bajito. Miedo a que Moulderch oyera. Excitación del secreto.
Lo moví. Adentro. Afuera. Primer contacto real. No como mis dedos solitarios soñando con culos. Esto era vivo. Pulsaba. Se retorcía solo. Tocaba sitios nuevos. Nervios explotaban en placer. Sudor. Respiración agitada. El ser emitía luces. Pequeñas chispas. Me contraía alrededor. Maladroite al principio. Se salía. Lo metí más profundo. Grité suave. El culo se contrajo. ¿Probar ahí? Locura. Pero el deseo mandaba. Saqué. Lubrico. Lo pasé por detrás. Rosé el ano. Tenso. Virgen ahí. Miedo puro. Empujé. Duele. Quema. Pero entra. Lleno. Nuevo horizonte.
El Instante y la Huella: Contacto brutal y fin de la inocencia
Ritmo nervioso. Inexperto. El dedo se adaptaba. Vibraba fuerte. Placer crudo. Maladroite. Sudor goteaba. Piernas temblaban. Orgasmo subía. Rápido. Brutal. Gritaba ahogado. Luz blanca inundó mi cabeza. Como la de Moulderch. Explosión. Chorros calientes. Cuerpo convulsionó. El dedo se hinchó. Salió solo. Brillante de mí.
Quedé jadeando. Vacía otra vez. Pero distinta. Inocencia rota. Ya no era la agente Culley pura. Descubrí placeres torcidos. Alienígenas. Anal. El dedo se retiró. ‘Teléfono… casa’. Sonreí amarga. Nueva yo. Horizonte abierto. Nervios calmados. Pero adicta. Esa primera vez. Maladroite. Excitante. Inolvidable.