Estaba sentada en la mesita baja del salón de Victor. El corazón me martilleaba el pecho. Sylvia acababa de maquillarme como nunca. Mi hijab tirado en el suelo. El espejo aún temblaba en mi mano. Me veía sexy. Diferente. Una puta de calle, con labios brillantes y ojos ahogados en azul. Nervios me subían por la espalda. ¿Y si papá me viera? Pero algo ardía abajo. Entre las piernas. Humedad traicionera. Sylvia me sonreía. Sus manos firmes en mi brazo. ‘Quédate. Asume quién eres’. Quería huir. Lavarme la cara. Volver a ser la buena chica. Pero su voz me clavaba. Deseo de ser vista. Deseada. Esperábamos a Daddy. La puerta crujió. Pasos. Mi aliento se cortó.

La llave giró. Victor entró. Se paró en seco. Sus ojos me devoraron. ‘¡Guau, Nisrine! Estás magnífica’. Calor me subió al rostro. No pude moverme. Sylvia soltó mi brazo. Pero su mano bajó. Rozó mi muslo. ‘Mira qué hermosa’. Victor se acercó. Olía a tabaco y Johnny Walker. Se sentó a mi lado. ‘Sin velo. Maquillada. Eres una mujer ahora’. Su voz grave. Ronca. Mi coño palpitó. Primera vez que lo notaba así. Sylvia se levantó. ‘Daddy, ayúdame a enseñarle’. Tomó mis manos. Las puso en sus tetas enormes. ‘Tócalas. Siente’. Suave. Cálidas. Pezones duros bajo el jersey. Tragué saliva. Maladroite. Dedos temblorosos. Ella gimió bajito. ‘Así, princesita. No temas’.

La Espera Tensa

Sylvia deslizó su mano bajo mi falda. Rozó mi braguita. Mojada. ‘Mira, Daddy. Está lista’. Victor asintió. Su mano grande en mi rodilla. Subió lento. Piel erizada. ‘Déjame ver’. Desabroché mi blusa. Tetas pequeñas. Pezones tiesos. Él las tocó. Primer contacto. Pulgares en círculos. Placer eléctrico. Gemí. Nerviosa. Excitada. Sylvia bajó mi braguita. Dedos en mi coño virgen. Húmedo. Deslizó uno adentro. Lento. Dolor dulce. ‘Tu clítoris late’. Lo frotó. Cuerpo arqueado. Victor chupó mi teta. Lengua áspera. Boca caliente. Sudor. Alientos jadeantes. Mi mano en su polla. Dura. Gorda. Sylvia me besó. Lengua invasora. Sabor a gloss y deseo. Monté en la mesita. Piernas abiertas. Victor sacó su verga negra. Champiñón enorme. Sylvia la capó. ‘Prueba, Nisrine’. Lamí el glande. Salado. Prohibido. Ella me penetró con dos dedos. Victor empujó. Estiró mi coño. Grité. Placer rasgante. Embestidas. Ritmo nervioso. Orgasmo me rompió. Chorros. Él gruñó. Llenó el condón.

Me desplomé. Cuerpo temblando. Semen goteaba. Sylvia limpió su polla. Yo, perdida. Inocencia hecha trizas. Ya no era la niña voilada. Sentía el vacío dulce. Orgullo sucio. ‘Somos hermanas ahora’, dijo Sylvia. Victor sonrió. ‘Bienvenida, princesa’. Salí a casa. Espejo en el baño. Maquillaje corrido. Coño adolorido. Sonreí. Primera vez. Nervios rotos. Mundos abiertos. Mamá llamó. ‘¿Todo bien?’. ‘Sí’. Mentira piadosa. Vida nueva. Prohibida. Adictiva.

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