Llegué jadeante a la pequeña iglesia de montaña. Seis menos cuarto. Justo a tiempo. Sophie y su maldito atajo. Una hora extra caminando. Respiré hondo y entré. Decepcionada. Piedras sucias, telarañas. No era la maravilla que vendían. Pero ya estaba allí. Avancé frunciendo la nariz por la humedad. Imité un signo de la cruz a medias. Nadie me veía.
Contemplaba una estatua cuando sonó ‘Para Elisa’. Rojas las mejillas, contesté. ‘¡Sophie, gracias por el atajo!’ Ella reía. Sentí una presencia atrás. ‘Voy a colgar, hay gente…’
La Aproximación: Espera, Miedo y Deseo
Me giré. Un joven serio, mirada dura. Señaló mi móvil. ‘No eso en la casa de Dios.’ Voz grave, antigua. Me reí, colgué. ‘Jaja, viejo gruñón…’ Guardé el teléfono. Sonreí falsa contrición. ‘Lo recordaré, señor.’
Me miró negro. Bajé los ojos. ‘Conozco un buen método para no olvidarlo…’ Me midió. Sonreí más. Frunció el ceño, agarró mi brazo. Abrió la sacristía. Mi bolso cayó. Preocupada por el móvil, pero peor vino. Se sentó, me tiró sobre sus rodillas. Empezó a azotarme seco. ‘Respeto y decencia, mademoiselle.’
Grité aguda. ‘¡Estás loco! ¡Ve al médico!’ ‘Primero te curo la insolencia.’ Redobló. Gracias al short grueso. Mano dura, alternando nalgas. Me revolví, protegí con manos. Suspiró, paró. Agarró mis muñecas atrás. Reanudó. Scout pulcro, pero aplicaba fuerte.
Cansado, opción: ‘Baja el short o sigo en muslos… Duele más.’ ‘¡Vete a la mierda!’ Atacó muslos. ‘Ropa inapropiada.’ Retorqué: mentalidad rancia. Rió disimulado, vengó en piel sensible. Interior muslos. ‘Este es mi short más largo.’ Marcó epidermis ardiente. Cedí. ‘¡Stop! Ganaste.’
El Instante y la Huella: Descubrimiento Brutal y Fin de la Inocencia
Me levantó. Sonrisa satisfecha. ‘Cobarde con mi tamaño.’ Golpe en muslo. Desabotoné. Recordé: culotte rosa Hello Kitty. Ridícula. Regalo hermana. Me paré. ‘¿Ayudo? ¿No convencí?’ Negué roja. Bajó él, rió burlón. ‘No caritativo.’ Saqué lengua, me puse sola sobre rodillas.
Reanudó. ‘Aceptar castigo, camino a la penitencia.’ Aguanté digna. Quiso bajar culotte, retuve. Tapes en dedos. ‘¡Manos!’ Claque magistral en muslo. Me encabrité. Agarró brazos, ató con cinturón soutane. Desnudó. ‘Fessée verdadera, a pelo.’ ‘A tu edad, ¿vergüenza?’ Marmoné: ‘Nadie me obligó.’
Azotes metronómicos. Dependiente de él. Fesses rojas como sangre Cristo. Pensé en Sophie, ropa corta. ¿Cómo esconder? Paró con bible. ‘Principios católicos.’ ‘¡No! Comprendí.’ ‘¿Qué?’ ‘Me cubriré en iglesias.’ No bastó.
Nervios me traicionaban. Excitación desconocida. Piel ardiendo, primer contacto real. Su mano firme, mi carne expuesta. Maladroite, ondulaba. Tensión subía. Deseo prohibido en sacristía santa. Voz ronca, jadeos míos. Inocencia quebrada ahí, primera sumisión física.
Después, en su casa. Discusiones, segundas fessées. Pero esa primera… Huella imborrable. Relación creció. Juegos, límites. Primera vez nus. Sobre sus muslos, cama. Nuestros cuerpos al fin libres. Piel contra piel. Entró lento, bruto. Dolor placentero. Grité suave. Ritmo nervioso, sudor. Descubrimiento total. Fin inocencia. Ahora, adicta a esa tensión, ese fuego.