Estábamos en la cocina de su casa. Jérémie corrigiendo un ejercicio en su habitación. Brigitte me miró fijamente. ‘¿Te acuerdas de la carta que me enviaste?’. Mi corazón latió fuerte. Negué, pero sudaba. Ella sonrió con malicia. Sacó la carta arrugada. La leí fingiendo sorpresa. Era obscena. Mi polla ya se endurecía.
Me temblaban las manos. ‘Admítelo, Charles’. Cedí. ‘Sí, soy yo’. Ella tomó mis manos. Su piel cálida. ‘Al principio me enfadé. Pero ahora te deseo. Como a un padre perdido’. Me quedé paralizado. ‘Jérémie ha terminado. Dale otro ejercicio. Vuelve aquí’. Obedecí. Diez minutos después, regresé. Ella se había cambiado. Jersey negro ajustado. Falda gris plisada hasta las rodillas. Exacto como en la carta.
La aproximación: espera temblorosa y deseo ardiente
‘Eh bien, ¿así empiezo yo en tu fantasía?’. No podía moverme. ‘Ven por detrás. Agarra mis tetas’. Me acerqué. Mi cuerpo contra el suyo. Manos en sus pechos. Grandes, firmes, elásticos. Los amasé sobre la tela. Mi verga atrapada entre sus nalgas redondas. Me froté. Ese culo soñado. Levanté el jersey. Saqué las tetas del sujetador. Pezones duros. Los pellizqué. Una mano subió por su falda. Muslos suaves. Dedos en su coño sobre las bragas. Húmedo ya.
Masajeé la raja. Lento. Fuerte. ‘Sí, así, más rápido’. Metí bajo la tela. Dos dedos dentro. Mojado, resbaladizo. Tres. Ella gemía. Piernas temblando. La sostenía. ‘¡Voy a correrme! Más profundo’. Ahhhhh. Eyaculó fuerte. Mano empapada. Se la metí en la boca. Lamía voraz. Se giró. Beso salvaje. Lenguas enredadas. Saliva chorreando.
El instante: contacto físico brutal y éxtasis
Tuve que volver con Jérémie. Duro concentrarme. Mi polla dolía. Regresé. Todo normal. ‘¿Quieres algo antes de irte?’. Sonrisa pícara. Jérémie se fue a jugar. ‘Détente, Charles. Me has hecho gozar bien’. Rió. ‘Ahora, siéntame en la mesa. Abre mis piernas’. La alcé. Piernas en alto. Coño expuesto. Pero no, aún no. ‘Primero, alivio para ti’.
Abrió mi cremallera. Sacó la polla tiesa. Me pajeó. Lento al principio. ‘¿Bien así?’. Ojos fijos. Manos en sus tetas. ‘Más fuerte. Saliva’. Escupió en el glande. Deslizaba perfecto. ‘¡Me corro!’. Juzgué en su mano. Mucho, caliente. ‘Ahora, lame’. Lo hizo. Tragó todo. Mirándome. ‘Primera vez que trago. No sabe a yogur’. Limpió mi polla chupándola suave.
Su marido llegaba. Nos separamos. Charla inocente en la puerta. Volví a casa aturdido. Esa primera vez. Nervios locos. Excitación pura. Mi inocencia rota. Vida sage hecha trizas. Ahora, ansío la próxima. Esa carta fue corta.