Ese día tenía cita con Emmanuel en la tienda, a la hora de cierre. No sabía qué había planeado. Me excitaba solo pensarlo. Me preparé como novia virgen. Vestí como él quería. Bajo jeans ajustados, un slip blanco lacado delante, encaje elástico en los lados. Nada llamativo. Llegué puntual. Vi el store a medio bajar. Me esperaba.
Al entrar, me topé con ella. Mujer morena, ojos verdes, pelo hasta hombros, cintura fina. Belleza en vestido negro ligero, corto. Muy corto. Muy estricta también. Valérie, su mujer. La había visto en fotos, sin fijarme. Emmanuel llegaba tarde, dijo. Acababa de salir del mercado. Me invitó a esperar.
La espera cargada de tensión
Intimidado ante tanta belleza. Halagado, porque Emmanuel era mi amante. No te avergüences, dijo. Vi fotos de vuestra noche. ¿Celos? No. Amo a Manu. Y amo de otra forma a las mujeres que vienen a vestirse, desvestirse aquí. A encanallar… conmigo.
Se movía con gracia femenina. Imposible de imitar por un hombre. Me invitó al saloncito del fondo. La mesa donde Emmanuel y yo follamos. ¿Lo sabía? Estanterías con cajas. Caos ordenado. Nos sentamos frente a frente. Copas en mano. Espejos multiplicaban nuestra imagen. Hablaba con gestos suaves. Su vestido subía por muslos. Veía piel tierna. Triángulo claro de su braga. Me empalmaba duro. Ella miraba mi bragueta hinchada. Duró una eternidad. Su voz me mecía. Asentía sin escuchar.
Manu llega tarde. Lo hizo a propósito, para que nos conozcamos, sonrió. Voy a quitarme la ropa de trabajo. No mires, dijo. Se puso tras cajas. Oí la cremallera. Tela deslizándose. Elástico seco. Su braga cayó a mis pies. Simple, blanca, algodón con florecitas azules y lilas. Cálida. Húmeda en el centro.
Cógela. Sé lo que llevas. Te gustará. La alcé. Dedos en suavidad tibia. Olí su aroma. Subrepticio. Volvió en bata ligera de verano. Pies descalzos. Intimidado. Fascinado. Ojos en su piel bronceada. Escote profundo. Brazos finos. Piernas. Alto de muslos. Triángulo blanco lacado. Igual que el mío. Quería abrazarla. Paralizado. Estúpido.
El clímax bestial y la entrega total
Ven, dijo. Voz temblorosa. Me levanté. Sus tetas tensas contra mí. Bajé tirantes. Bata al suelo. En braga frente a mí. Me quité todo. Íbamos iguales. Rió suave. La besé hambriento. Lengua, ojos, boca. Polla dura. Glande apretado dolía. Arranqué mi slip. El suyo también. Empapado. La senté en mesa. Chupé coño. Aspiré clítoris. Lento. Loco por su olor. Hendidura. Dedos en cuerpo. Tetas hinchadas. Aréolas tensas. Labios agitados.
La alcé por culo. La clavé fuerte. Dulce. Caliente. Empapado. Eternidad. Gemia. Cantaba. Ven… profundo… ven… Ralos largos. Cascada de gritos. Gemidos cortos. Mi polla mojada la araba. Huevos golpeaban nalgas. Pequeñas. Cada una en mi mano. Se soltó. Boca abajo. Piernas abiertas.
Fóllame por detrás. Como a él. Como él a ti. Como a mí. Primero coño glutinoso. Abrí nalgas. Ano arrugado. Saliva. Dedo. Dos. Polla guiada. Tortilló culo. Manos en coño jugoso. Clítoris erecto. Estaba en ella. La pajeaba. Explosé. Leche en chorros potentes. Gimió. Silencio.
Dureza para conocernos. Bestialidad para ternura. Besos picantes. Coquinos. Vestimos sin limpiarnos. Cambiamos bragas. La suya en mí. La mía en ella. Dejó nota a Emmanuel. Venid a casa. Su culo lleno de mi leche. Mi polla pegajosa de su jugo. Firmó: Te quiero. Pausa. Os quiero. Mi nombre.
Hébeto. No sabía qué pensar. Fin de inocencia. Nuevos horizontes. (612 palabras)