Estaba en el mobil-home, frente a la puerta del baño. El agua corría. Mi corazón latía fuerte. Nervios. ¿Y si se negaba de nuevo? Mi tía Cécile, tan cerca, tan deseada. Esperaba, inmóvil. Silenciosa. El deseo me quemaba. Ella era familia. Prohibido. Eso excitaba más.

El agua paró. La puerta se abrió. Sus ojos me desafiaron. La agarré del brazo. La atraje. Fuerte. Beso salvaje. Nuestras lenguas se enredaron. Ella cedió. Manos en mi culo. Nos besamos como locas. Retrocedí hacia mi habitación. Caímos en la cama. Enlazadas. Rodamos. Peloteándonos. Sus dedos en mi entrepierna. Mi polla endureciéndose bajo el short. La suya, húmeda ya.

La aproximación: Espera tensa y deseo prohibido

Abrí su bermuda. Dedos dentro. Culotte empapada. Gemí. Mi verga presionaba su muslo. Ella plisó los ojos. Colérica. De repente, me volteó. Me cabalgó. Manos en mis muñecas. Me abofeteó. Dos veces. Fuerte. ‘¡Para, Julie! ¡Eres mi sobrina!’ Gritó. Froto mis mejillas. Dolor. Pero deseo intacto.

Se sentó al borde. Cabeza en manos. Yo la nargué. ‘¿Prefieres masturbarte con tu dildo pensando en mí?’ Suspiró. Me abrazó. Habló de amor familiar. Sin sexo. Yo suspiré. Pero el fuego ardía. Ella se levantó. ‘Tengo una cita.’ Mentira. Lo sabía. La seguí con la mirada.

No. No paré. Me acerqué. Sensual. La besé el cuello. Susurré: ‘Te follaré tan fuerte que gritarás.’ Tembló. ‘Te haré correr como nunca.’ Empujé. Cayó en la cama. Esta vez, no resistió. Desabroché su bermuda. Bajé la culotte. Coño mojado. Brillante. Lamí. Ella jadeó. ‘No… sí…’

El instante: Descubrimiento físico brutal

Mi polla saltó libre. Dura. Gruesa. Primera vez con ella. Nervios en el estómago. Maladroite. Temblaba. Apunté. Rozó su entrada. Deslizó. Lento. Entró. Calor. Apretado. Ella gritó. Uñas en mi espalda. Empujé. Profundo. Ritmo torpe. Exciting. Sudor. Gemidos. Sus tetas rebotando. La follaba. Mi tía. Tabú roto.

Aceleré. Nervioso. Sudando. Ella se arqueó. ‘¡Más!’ Corría. Mojada. Yo palpitaba. Primera penetración familiar. Inocencia hecha trizas. Bombeé. Fuerte. Crudo. Sus paredes me ordeñaban. Eyaculé. Dentro. Caliente. Ella convulsionó. Orgasmos compartidos. Exhaustas.

Después, silencio. Sudor fríos. Miradas. Vergüenza mezclada con placer. Inocencia perdida. Familia sexualizada. Nuevos horizontes. Prohibido, pero adictivo. Su mano en mi polla flácida. Sonrisa culpable. ‘No más.’ Mintió. Sabíamos que repetiríamos. El mobil-home olía a sexo. Mi primera vez con ella. Marcada para siempre.

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