En la sección de jardinería del gran supermercado. El aire huele a tierra y fertilizantes. Angèle delante de mí, inclinada fingiendo elegir macetas. Su vestido corto se tensa sobre sus nalgas redondas. Sin bragas, lo sé desde el coche. Mi corazón late fuerte. Sudor en las palmas. ¿Y si alguien viene? Ella me provoca con un meneo sutil. Me acerco. Presiono mi paquete contra ella. Duro ya. Nervioso, miro alrededor. Pasillo vacío por ahora. Sus nalgas suaves bajo la tela fina. Respiro agitado. Esto es nuevo. Nunca con Lola. Angèle gime bajito. ‘¿Te gusta, biquete?’ Susurro: ‘Cállate, puta’. Pero sonrío. El miedo me excita. ¿Primer contacto real en público? Manos en su vientre. Subo a sus tetas pesadas. Las amaso. Pezones duros. Ella se frota contra mí. Mi polla palpita. Bajo la cremallera sigiloso. La saco. Piel contra piel ahora. Su raja caliente. Temblor en las piernas. ¿Voy a follarla aquí? No. Pero el roce. Deslizo por su surco. Lubricante de mi pre-semen. Glande apretado entre hemisferios carnosos. Ella ondula. ‘¡Oooh! ¿Te atreves?’ Sí. Me atrevo. Giro. Oscilo. Busco elasticidad. Demasiado bueno. Pierdo control. Glande engancha algo. Su ano. Calor envuelve la punta. Empujo leve. Entra un poco. Ella chilla suave. ‘¡Rhoo! ¿Adónde vas?’ ‘Donde quiere mi polla’. Force un poco más. Calor abrasador. No resisto. Eyaculo. Chorros dentro. Sus tetas en mis manos. Aprieto fuerte. Sacudidas. Cae el ritmo. Vacío total. Me retiro. Limpio en su nalga. Ella protesta: ‘¡Me has llenado el culo!’. Río nervioso. ‘Quédate así, con mi leche goteando’. Se gira. Ojos brillantes. ‘Eres un cerdo enorme’. La beso rápido. Culpa y euforia. Remato compras. Ella camina tiesa, semen resbalando. En el coche, limpio su culo entre puertas. Dedos en su clítoris grande. Gime. Primera vez que crucé la línea. Con Angèle. No con mi mujer. Inocencia rota. Ahora quiero más. Aquel roce anal accidental abrió puertas. Nervios previos, placer brutal, huella imborrable. Lola nunca sabrá este detalle. Pero yo revivo el pulso acelerado, el miedo delicioso, el semen caliente sellando el pacto prohibido. Fue tierno en su crudeza. Malicioso. Nuestro secreto soft, pero intenso. Ella primera en recibirlo así. ‘¡La primera vez que me hacen esto!’, confesó. Yo, primer hombre en marcarla allá. Nostalgia nerviosa. ¿Volveremos? Claro. El cielo ayuda a quien se atreve.

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