Estaba en el baile de fin de curso de la universidad. La música retumbaba. Sophie bailaba en el centro de la pista, rodeada de chicos. Reía fuerte, su vestido rojo ceñido a sus curvas. Yo la observaba desde un rincón, con las pendientes en el bolsillo. Sudaba. El corazón me latía como un tambor. ¿Y si me rechazaba? ¿Y si solo éramos amigos? La quería desde el primer día de clases. Sus ojos verdes, su pelo rubio suelto. Nervios me comían vivo.

Todo el rato pensando en el momento. La veía girar, sus tetas rebotando leves bajo la tela. Celos me quemaban. Otros la tocaban la cintura al bailar. Yo apretaba el estuche en la mano. Esperé. Esperé hasta que se separó un poco del grupo. Me acerqué temblando. ‘Sophie…’, dije. Ella giró, sonrisa brillante. Le tendí la caja. Sus ojos se iluminaron al abrirla. ‘¡Qué bonitas! Ayúdame a ponérmelas.’ Mis dedos rozaron su cuello suave, su pelo. Olor a vainilla. El pulso se me aceleró. Nuestros labios se acercaron solos. El primer beso. Suave al principio, luego hambriento. Lenguas torpes chocando.

La Aproximación: Espera y Deseo Nervioso

Me apretó contra ella. Sentí su cuerpo pegado al mío. Mis manos bajaron solas por su espalda. Nervioso, las subí a sus tetas. Suaves, firmes. Ella no se apartó. Reía bajito contra mi boca. ‘Te pone cachondo, ¿eh?’ Notó mi polla dura contra su muslo. Vergüenza me invadió, pero ella me retuvo. Miró alrededor. ‘Ven.’ Me arrastró detrás de un arbusto, en la sombra. Oscuridad cómplice. Nos besamos de nuevo, feroz. Le desabroché la blusa. Dedos torpes en el sujetador. Toqué sus pezones duros. Ella jadeó. Bajó mi cremallera. Su mano en mi polla. Caliente, apretando. ‘Aah…’ gemí. Estaba al límite. Mi mano subió su falda. Muslos lisos, piel de gallina. Toqué su culo bajo las bragas de encaje. Húmeda ya. Temblábamos los dos. Piernas flojas. Quería más, follarla ahí mismo. Pero voces cercanas. Nos paramos en seco. Ajustamos ropa a prisa.

Susurró en mi oído: ‘Ven mañana a casa. Mis padres no están. Será solo para nosotros.’ Salimos del arbusto. Ella reía con los demás como si nada. Yo flotaba, marcado. Esa noche no dormí. Recordaba su mano en mi polla, palpitante. Mi inocencia rota. Ya no era el mismo. Sabía a deseo real, crudo. Mañana en su piscina, desnudos. El mundo cambió con ese beso, esas caricias malhabiles pero intensas. Nervios convertidos en fuego. Sophie me abrió los ojos. Y el cuerpo.

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