Solange tenía las manos hundidas en el agua jabonosa del fregadero, limpiando con delicadeza los vasos de cristal de su tía. Ella los secaba con cuidado extremo a su lado. Su pecho exuberante bailaba lento con cada movimiento, como si el sujetador no bastara. Apoyado en el marco de la puerta, mordisqueaba el trozo de tarta que me dieron para esperar. Solange aparentaba una cuarentena tranquila, coqueta y provocativa: blusa florida chillona, escote en chorrera que dejaba ver curvas prometedoras; falda recta rosa viejo, por encima de la rodilla, ceñida a caderas anchas pero armónicas; pelo negro corto intenso. Medía casi metro setenta, a gusto en su piel, sin complejos por su leve sobrepeso ni su nariz aguileña.

Sentía mi mirada en su pecho pesado. Me lanzaba ojos alegres, bajaba las párpados pudorosos. Yo le sacaba diez años, pero charlamos en aperitivos en casa de su tía, vecina cercana. Le contaba de mis viajes, sobre todo Santorini, su Atlántida soñada. Hartaba de vivir por delegación. Su marido temía volar y mareaba en barco. Basta de vacaciones en Ardèche profunda. Ella tomaría las riendas, sola a Santorini. Él, que le importaba poco.

La Aproximación: Espera, miedo y deseo

Ese día, tía celebraba sus setenta. Familia reducida. Al final, Solange ayudaba con la vajilla monstruosa. La abuela me llamó para llevar con mi monovolumen una cama plegable, imposible en el BMW de su marido. ‘¡Uf!’, suspiró secándose los antebrazos con brío. Mi libido despertó: mata abundante de vello castaño bajo su axila derecha. Mi perversión: mujeres velludas, seguro su pubis igual de frondoso. Sorprendida por mi mirada lujuriosa, no analizó. Gritó al ver su tía tirar sus anillos del mueble.

Gentleman, recogí las joyas. Faltaba su favorita sentimental. Busqué bajo muebles, tumbado en baldosas. Ella se agachó con linterna, iluminándome. Nada. Avanzando a gatas, posición escabrosa sin querer. Vista frontal total: zapatos tacón rojo vivo, piernas abiertas, muslos firmes en medias color carne. Ligas anchas negras, ceñidor antiguo ‘vientre plano’. Culotte triangulo satén amarillo, ribete negro.

Sabía que me regodeaba, pero no cerró thighs imponentes. La acaricié el rodilla, subí leve por muslo desnudo. Tembló, no rechazó. Dos dedos osados se colaron bajo tela fina, trazaron su raja lenta. Su marido gritó del salón: apurado por derby de Copa de Francia con amigos. Improvisé: literie a las 19h, él ausente. Indiferente él, sonrisa cómplice ella.

Puerta garaje cerró. Cargué colchón pesado siguiéndola a cuchitril. Colocó ella contra pared. De espaldas, besé su cuello húmedo, acaricié brazos desnudos. No fingió virtud. Mano en seno izquierdo mullido. Sin oposición, levanté falda a cintura. Mano derecha entre piernas abiertas. Pegado a grupa, ciego pero explorando: culotte satinado suelto, dedos en toison abundante. Índice hondo en raja entre colinas firmes. Cambró cadera contra mi sexo, despertando de abstinencia.

Bajé elástico culotte. Sugirió sitio cómodo. Me arrastró a salón oscuro, pie escalera iluminado. Tres peldaños, la paré: escándalo subir con esa grupa. Rió, bajó cremallera, agitó nalgas. Culotte coqueta atrás: cordón negro entre nalgas redondas. Viejo compra para avivar marido, halló vulgar, rara vez usada. Giró encantada.

El Instante: Descubrimiento físico y primer contacto

Intentó subir, paré. Sentado escalón bajo, aparté fundillo, boca en intimidad: crestas carnosas raja rosada oscura. Abrí labios, lengua saboreó jugos. Subió pierna derecha, acceso fácil. Vista dantesca: abierta, coño patente, vello invade raja ano. Engullí clítoris rosa, sujetó cabeza. Gemidos discretos, onduló caderas. Quitó culotte colgante. Ritmo dobles con boca-lengua en botón endurecido.

Al borde orgasmo, índice en ano. Rugió, agitó pelvis, eyaculó líquido ácido dulce. Ordenó lamer coño inflamado. Pausa, limpió con culotte. A cámara conyugal, condón en mano. Desvestí besos babeantes mutuos. Chupé pezones gruesos pecho caído, le encantaba. A cuatro patas travers lit. Boca en sexo, balanceando tetas reloj. Mano masaje testículos. Fellatio divina, ignoramos répondeur marido furioso.

Contestó: ‘Haciendo paja al vecino’. Bromas no gustó. Ordenó grabar FR3, entrevistados. Sentada sillón frente cómoda cosméticos, anotaba instrucciones vídeo. Mi perversión: condón frambuesa erecto, piernas accoudoirs. Penetré lento, sonrisa pícara, gemido teléfono. ¿Qué gozaba más: verga honda en coño húmedo o follar oyendo cornudo?

Él colgó, yo seguí tieso, sin eyacular. Ironizó virilidad. La volteé, dos dedos miel en ano. Protestó: no costumbre, salvo compensación. Atónito. Explicó natural: caquera supermercado, necesita fondos Santorini. Clientes edad generosos. Raída avaricia, abrió muslos rodillas moqueta: ‘¡Cuando quieras!’.

Vexado, pagué bonus reacio. Entré ano, gemidos dolor-placer. ‘¡Waoouh!’ al llenar condón. Satisfecha profesional. Abluciones, recordé bonus (150€, fetiche voyeur). Banyo: escaló bañera, pies bordes, pipí abundante arcada amazónica de toison. Subí, meé entre thighs. ‘¡Cerdo!’, agua fría furiosa.

Amigos al partir, rechazó segunda: paréntesis lucrativa ocasional, no fijas. ‘¡Moralidad!’ Reflexión: lógica femenina ilógica rompe inocencia.

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