En la suite nupcial, el corazón me latía fuerte. Alexia bebía champán a sorbos, se desvestía con gracia. Sin sujetador, su tanga negra asomaba como una promesa. Me senté, hipnotizado. Ella dejó caer la tira de encaje con un sonido húmedo, jugoso. Se tendió en la cama king size, curvas perfectas expuestas. Me invitó con un golpecito en el edredón. Me desnudé rápido, torpe. Pero mi polla… nada. Recogida, tímida. “¿No te gusto?”, rió suave, mano en mi paquete. “Eres demasiado bella. Me intimidas. Debe ser un sueño”. Su palma cálida lo abarcaba todo. Primera vez que una mano lo contenía entero. Vergüenza ardiente. Nervios como cables vivos. Esperaba el rechazo, pero ella sonrió. Cabello suelto me rozó el torso. Boca caliente engulló mi verga flácida. Lengua experta la torturó, la despertó. Dura ya, palpitante. Bajé entre sus muslos. Buño negro guiándome al clítoris hinchado. Lo chupé, nectar salado en mi lengua. Gemidos suyos, mis caderas se arquearon. Mecánica en marcha. De ternura a furia. La monté, pechos obuses rebotando en mi cara. Empujé hondo, hasta el fondo sin piedad. Follada salvaje. Primera vez que una mujer se abrió al culo sin dudar. Lubricada por jugos, entré lento. Sus gritos, potentes, libres. Igual fuerza, cuerpos hechos para esto. Jodida en el jacuzzi burbujeante hasta el alba. Creía saberlo todo con doce polvos. Pero esto… prodigio. Huevos aplastados entre muslos, nalgas perfectas golpeando. Lengua en su ano, dedo en próstata para ella no, yo la follaba. Placer mutuo, sin límites. Exhausto, colapsé.

Al amanecer, café y croissants. Marc cubrió mi turno. Segunda ronda, tierna. Caricias, besos explorando montes y valles. Su confesión vino después, en pinos sobre acantilados. Natación, entrenador abusador. Primera vez real, deflórada por él. Esclava sexual, chantaje, videos. Karine, tríos forzados, plugs en piscina, felaciones en coche. Odio a lugares sórdidos. Yo, su salvador. Rompí diez años de abstinencia. “Me has renacido”. Orgullo inmenso. Inocencia mía rota también. No más pajas solitarias soñando curvas imposibles. Descubrí placeres insospechados: dominar sin violencia, ser guiado sin sumisión. Maladresse mía la excitó, confianza mutua. Fin de juventud ingenua. Ahora, horizonte abierto, aunque ella se fue. Recuerdo nervioso, piel erizada aún. Aquella noche, en la suite, cambió todo. Nervios previos, contacto brutal, eco eterno.

La Aproximación: Espera, Miedo y Deseo

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