Hace frío en el Hotel Sheraton de Londres. Llueve sin parar, un crachin que empapa todo en esta noche del seis de enero. Recuerdo esa sensación en la piel, húmeda, pegajosa. Bajé de la navette del aeropuerto y juraría que alguien me sigue. Pero ahora, repensando esa primera vez, todo converge en la casa de Georges, ese policía británico con acento encantador.
Después de la filatura, de espiar a esa pareja follando tras la ventana, volvemos a su hogar en Paddington. La casa huele a viejo, a té y fantasmas. Estoy nerviosa. El corazón me late fuerte. Él camina delante, su espalda ancha bajo la chaqueta. Quiero tocarlo, pero dudo. ¿Y si es un error? La adrenalina de la noche me quema. En el pub, sus ojos marrones me devoraban. Ahora, solos. La puerta se cierra. Silencio.
La aproximación: espera, miedo y deseo entrelazados
Me mira. Sonríe leve. ‘¿Estás bien?’, pregunta en francés torpe. Asiento. Me acerco. Mis manos tiemblan. Él huele a tabaco y especias. Apoya una mano en mi cintura. Maladroite, tropiezo un poco. Río nerviosa. Él me atrae. Nuestros cuerpos chocan. Siento su calor contra el frío londinense. El deseo crece. Miedo a lo desconocido: un inglés, un poli, después de un cadáver y drogas. Pero excita. Su aliento en mi cuello. Me besa el lóbulo. Jadeo.
Sus labios rozan los míos. Primero suave, tentativo. Luego, hambre. Lenguas chocan, torpes al inicio. Mis dedos en su pelo. Él gime bajito. Me empuja contra la pared del pasillo. Manos grandes bajan por mi espalda. Desabrocha mi blusa. Frío en la piel desnuda. Pezones duros. Él los lame, succiona. Gimo fuerte. Nervios me aprietan el estómago. ¿Es mi primera vez así? Salvaje, prohibida.
El instante: contacto brutal y descubrimiento físico
En la habitación, papel pintado british, cama enorme. Me tumba. Quita mi falda. Culotte empapada. Él se desnuda. Polla erecta, gruesa, venosa. Primera vez viendo una así, inglesa, real. Temblor en las piernas. Él se arrodilla. Boca en mi coño. Lengua burda, lamiendo clítoris. Chupa fuerte. Piernas flaquean. Grito. Maladroite, le clavo uñas. Él gruñe. Me corro rápido, violento. Inocencia rota: placer crudo, sin filtros.
Me voltea. Entra de golpe. Duele al principio, estira. Luego, embiste. Fuerte, nervioso. Sudor mezcla. Cuerpos chocan, slap slap. Él jadea mi nombre: ‘Marine…’. Yo araño su espalda. Ritmo acelera. Siento su polla palpitar. Me corro otra vez, contracciones brutas. Él eyacula dentro, caliente, abundante. Colapso.
Después, quietud. Su peso sobre mí. Respira hondo. Me besa frente. Ternura post-furia. Siento la huella: inocencia ida. Ya no soy la detective sola. Abrí horizontes: sexo nervioso, con desconocido en ciudad extraña. Lluvia golpea ventana. Él duerme. Yo velo, tocando su piel. Marca indeleble. Londres me cambió para siempre.