El compartimento de primera clase en el tren París-Brive era mi refugio. El libro era una mierda. Portada con un tipo pensativo, filosofía de Luces. Veinte páginas y nada. El tren salía de París, paisaje bucólico al atardecer. Sol cansado. Miraba el cielo de verano. Pueblos pasando rápido. Entonces, choqué con sus ojos. Ella, sola conmigo. Joven, menuda, pelo corto garçon, pendientes en los lóbulos altos. Duve en la nuca fina, mechones salvajes sobre ojos azul oscuro, maliciosos. Tatouaje discreto: «sueña siempre» en su escote. Pechos modestos, invisibles pese a dos botones abiertos. Jean claro roto en las rodillas, camisa azul desvaída. Estilo insolente. Su mirada me clavó. Sonreí. Ella habló primero. «Es una mierda, ¿no? Libro de filosofía con foto del autor… Estás distraído, no me concentro». Voz tibia, provocadora. Me tutóeó. Hablamos. No estudiante, busca curro. Critiqué el libro: superficial, sin humor. Ella contraatacó, sonriendo. Me dominó con palabras. Habló de diseño sin pasión, viajes soñados sin pasta. Manos gesticulando, piel fina, labios rojos, ojos en los míos. Camisa más abierta, nada de tetas. Escuchaba su voz, su calor. Nervios en el estómago. ¿Qué quería? Mi polla latía ya. «¿Te follo por 50 euros?». Pardoné. Ella rio: «Lo siento, solo tengo 50… ¿entonces?». Silencio. Se levantó. Se sentó en mis rodillas. Beso tierno. Aliento en orejas. Mordisqueó labios. Giró mi cara, besos, risas. Citó a Bergman. Corrió la cortina. «Desnúdate. Rápido». Torpe, desabotoné camisa. Me la quitó. Levantó, desabrochó cinturón. Sacó mi verga erecta. «¡Menudo boli, filósofo!». La tragué. Nuca menuda ondulando. Placer nuevo subiendo piernas. Temblé. «No corras. Yo mando». Intenté camisa suya. «No». Me sentó, quitó zapatos, pantalón. Ojos maliciosos. Me tenía. Agarró polla. «Dura, me gustas». Desabotonó jean. Sin bragas, toison fina. Empujó cuello, cabeza atrás. Solo camisa. Quería verla. «No». Se hundió lento en mi verga. Calores mezclándose. Penetración suave, muslos abriéndose. «¡Qué bueno!». Ojos al techo. Subía, bajaba. Manos en nuca. Placer en su cara. Fusionados. «Me llenas. No te muevas». Apoyada, estrangulando, tirando pelo. Raleó, orgasmo. «¡No corras aún!». La sacudió. Beso infinito. Quitó camisa. «Sueña siempre». Tetitas firmes, pezones rojos. Las besé. «Para». Se giró. Culo a mi boca. Lamí todo. Brazos en asiento opuesto. Gritos. Otro orgasmo. «Hazme correr más… métetela». Lengua adentro, manos en muslos. La dominé. Temblores. Se sentó. Tatouaje lumbar: «tu mirada es mía». Tetillas locas. «Córrete en mí». Empalada en culo. Subía, bajaba fuerte. Animal en mí. Agarré vientre, coño, tetas. «¡No pares!». Ritmo fiero. Mordí nuca. «¡Fóllame fuerte!». Ella corrió. Yo exploté dentro, chorros calientes. Sexos empapados. Flotando. Cabeza en hombro. Sudor, jugos. «Menos mal que el libro era una mierda». «¿Aceptas tarjeta?». Anuncio Brive. No dejó vestirme. Pieles besándose. Pasos pasillo. Me escapé a baño. Volví, ida. En libro, 50 euros más. Nota: «Doce meses, mismo día, hora, compartimento. Mejor libro. Sin retraso». Inocencia rota. Nervios virgen convertidos en adicción. ¿Volveré?

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