En el salón de su casa en Honfleur. El aire olía a libros viejos y café recién hecho. Acababa de parar la grabadora. Sandra me miró con ojos brillantes, al borde de las lágrimas. Me propuso un trago. Asentí, el corazón latiéndome fuerte. Nerviosa. ¿Por qué? Su historia me había tocado hondo. Pero había más. Su elegancia. Su voz suave. Esa aura femenina que desmentía todo prejuicio.
Me levanté del sillón. Nuestras manos se rozaron al coger las copas. Un escalofrío. Ella sonrió. ‘¿Estás bien, Elisabeth?’, preguntó. ‘Sí… solo… impresionada’. Mentira a medias. El deseo crecía. Miradas cruzadas. Silencio cargado. Me acerqué. Olía a mar y perfume sutil. ‘Eres preciosa’, susurré. Ella se sonrojó. Primera vez que tocaba a alguien así. Miedo. Excitación. ¿Y si era hetero? ¿Y si Benjamin? Pero allí, en ese salón, nada importaba.
La aproximación: espera, miedo y deseo
Sus dedos en mi brazo. Suave. Temblorosa. ‘He pasado tanto… por ser yo’. La abracé. Cuerpo delgado contra el mío. Pechos firmes presionando. Noté su calor. Mi pulso acelerado. Bajamos al sofá. Piernas entrelazadas. Nervios en el estómago. ‘¿Puedo besarte?’, dijo ella. Asentí. Labios suaves. Lento al principio. Malabares torpes. Lenguas chocando. Saliva mezclada. Mi mano en su nuca. La suya en mi cintura. Bajando. Jadeos cortos.
La tensión subía. Manos explorando. Desabroché su blusa. Piel tersa. Pechos perfectos. Implantes o no, reales al tacto. Pezones duros. Los besé. Ella gimió. ‘Primera vez… con alguien como tú’. Verdad. Siempre hombres. Esto era nuevo. Prohibido. Excitante. Sus dedos en mi falda. Subiendo muslo. Humedad entre mis piernas. Temblaba. Ella se quitó la falda. Bragas finas. Bulto inexistente. Post-operación. Curiosidad. Miedo. Deseo.
El instante y la huella: contacto y transformación
La tumbé. Besos en cuello. Vientre. Manos en sus caderas. Deslicé las bragas. Vagina rosada. Nueva. Perfecta. Húmeda. La toqué. Suave. Caliente. Ella arqueó espalda. ‘Despacio… es sensible’. Dedos dentro. Estrecha. Real. No pene. Solo ella. Gemí. Excitación pura. Primera vez tocando eso. Nerviosa. Maladroita. Pero ella guiaba. ‘Así… más profundo’. Ritmo. Jadeos. Sudor. Mi boca allí. Sabor salado. Dulce. Lengua girando. Ella convulsionó. ‘¡Sí!’. Mi inocencia se rompía. Mundo nuevo.
Me quitó la ropa. Recíproco. Sus labios en mis pechos. Dedos en mí. Experta. Me abrió. Grité bajito. Tensión máxima. Nos frotamos. Clítoris contra clítoris. Fricción cruda. Cuerpos sudados. Olía a sexo. A mar. A nosotras. Orgasmos cerca. El suyo primero. Temblores. Líquido cálido. Luego yo. Explosión. Vacío. Plenitud. Colapsamos. Abrazadas. Silencio.
Después. En su cama. Cansancio dulce. Miré el techo. Inocencia ida. Mundo cambiado. Sandra dormía a mi lado. Su cuerpo, ahora conocido. Mío. Nervios residuales. ¿Qué sigue? Benjamin. Mi vida. Pero esto… primera vez real. Descubrimiento. No arrepentimiento. Solo huella. Profunda. Eterna. Honfleur olía diferente ahora. A nosotras.