En la habitación improvisada, el sol se filtraba por los postigos abiertos. Me desperté con su voz ronca. ‘Duermo mejor contigo a mi lado’. Thierry me miraba con esos ojos verdeazulados, ya no tan hundidos. Sonreí, pero vi la sombra en su rostro. El trauma acechaba. Me giré y lo besé. Dudó un segundo. Luego su lengua jugó con la mía. Nervios me atenazaban. ¿Y si entraba en pánico? Mis dedos bajaron por su espalda marcada. Cicatrices frescas bajo mi tacto. Se tensó. Paré. ‘¿Te duele?’. ‘No, pero hace tanto…’. Bajó la vista. Temía fallarme. Explote. ‘Me importan una mierda tus ‘performances’. Te quiero. ¿Estás o no?’. Asintió. El corazón me latía fuerte. Era nuestra primera vez desde su calvario. Desconocido. Excitante. Peligroso.
Aparté las sábanas. Su cuerpo flaco, pero vivo. Lo que había bañado y curado. Me incliné. Lamí su pecho. Mordisqueé sus pezones. Se endurecieron. Jadeó. Bajé besos a su vientre. Deslicé su calzoncillo. Su polla saltó erecta, dura como nunca. La palpé. Pulsaba en mi mano. ‘Pareces en forma’. Intentó tocarme bajo la camiseta. Se paralizó. Pánico en sus ojos al ver mis cicatrices de bala. ‘¿Qué es eso?’. ‘Guerra. Sobreviví por ti’. Rompió en sollozos. Me atrajo. Manos ansiosas en mi espalda. Arrancó la camiseta. Sus palmas en mis tetas pequeñas. Las masajeó suave. Gemí. Quiso bajar a besarlas. Se congeló. Su espalda. ‘Túmbate’. ‘Estoy bien’. Insistí. ‘¿No te gusta verme encima?’. Cedió. Me quité la braga despacio. A cuatro patas sobre la cama. Lo miré. Su polla señalaba al techo. Me acerqué felina. Lo monté. Agarré su verga palpitante. La acerqué a mis labios húmedos. Me hundí lento. Ojos en los suyos. Entró centímetro a centímetro. Plena. ‘Mi amor…’. Beso ardiente. Lenguas locas.
La aproximación: espera temblorosa y deseo prohibido
Empecé a moverme. Lento. Sus manos en mis muslos firmes. Amasó mis nalgas. Pellizcó pezones. Aceleré. Calor subía. Sus dedos hallaron mi clítoris. Lo frotó experto. Grité. ‘No pares’. ‘No pienso’. Ritmo frenético. Malabares. Agarré su muñeca. Me corrí fuerte. Vagas brutales. Él eyaculó dentro. Calor inundándome. Colapsé sobre él. Su polla ablandándose en mí. Respiraciones jadeantes. Me deslizé a su lado. Piel contra piel. ‘Estamos vivos. Juntos’. Me apretó. Durmió confiado. Lágrima en mi mejilla. Esa primera vez borró su inocencia rota. Abrió horizontes. Ya no era el esqueleto de la celda. Éramos nosotros de nuevo. Nervios convertidos en fuego eterno.