Estaba en la tumbona junto a la piscina del pool house. Desnuda, como siempre cuando estoy sola. El sol lamía mi piel. Me había masturbado hasta correrme, frustrada por no sentir una polla dentro. Sudorosa, excitada, me levanté a por agua en la cocina. Nada más salir de la zona de la piscina, choqué con Fabien. Él volvía de la uni antes de tiempo.
Desnuda total. Una mano en la concha, el brazo tapando las tetas. Él boquiabierto, rojo como un tomate. ‘Perdón, el curso se anuló’, balbuceó. Corazón latiendo fuerte. Vergüenza ardiente. ‘Cierra los ojos, voy por una toalla’, le dije. Corrí de vuelta. Le había mostrado mi culo antes. Ahora, al volver, él con ojos abiertos devorándome las tetas firmes.
La aproximación: espera, miedo y deseo
Tomé la toalla. Nervios a flor de piel. ‘Perdóname, ponte el bañador. Yo me pongo el mío y hablamos’. Regresé con bikini. Él llegó rápido, con un slip ajustado. Paquete enorme. Me disculpé mil veces. ¿Me había visto masturbarme? Dijo que no, acababa de llegar. Alivio parcial. Le pregunté por novias. Ninguna. Virginidad confesada. Ratos rechazado. Le sugerí putas, pero miedito a enfermedades.
Hablamos. Su polla crecía bajo el slip. Glande asomando. ‘Contén eso’, le pedí, excitada. Confesó masturbarse pensando en mí. Me pedía ayuda. ‘No, estoy casada, eres joven’. Insistió. Había robado mis bragas. Patético, tierno. ‘Dámelas ya’. Se levantó. Lo seguí a su cuarto desordenado. Bragas negras sobre la cama. Manchas de leche seca, olor a macho.
‘¿Te corres en ellas?’, pregunté. ‘Sí, pensando en ti. Ayúdame a emanciparme’. Polla fuera del slip. No resistí. Mano en su paquete. ‘Estás bien dotado. Ten confianza’. Bajé el slip. Polla dura en mi puño. La pajero lenta, tierna. ‘Solo te ayudo, nada de follar’. Él se acercó. Manos torpes en mi bikini. Levantó el top, acarició tetas. Excitación brutal. Mano en mi concha empapada. Maladroite, adorable.
El instante: descubrimiento físico y primer contacto
Le guié el dedo por la raja. Quité bikini. Me tumbé en su cama. ‘Ven, te explico’. Piernas abiertas. Cabeza entre mis rodillas. Le mostré todo: labios, clítoris húmedo. ‘Si está mojado, está lista para polla’. Moví su dedo en círculos. Él aprendía rápido. Tetazos chupados. Dedo dentro, follando mi coño como si fuera su verga. Jugué su polla. Quería mamarla, pero primera lección no.
Gemí fuerte. Me corrí a chorros, cyprine en su mano. Él explotó. Leche espesa salpicó mis tetas. Los dos jadeando. Recogí bikini, bragas. ‘Perdón, no sé qué me pasó. No se repetirá’. Salí temblando. Control recuperado. Aún cachonda. Ducha rápida. Falda corta, liguero sin bragas. Blusa transparente, sin sujetador. Señal para mi marido.
Él llegó. Abrí la puerta así. Fabien salía. Sonrisa pícara de mi hombre. ‘Le vuelves loco al chaval’. Mano en mi coño desnudo. ‘Estás inundada. ¿Qué pasó?’. Lo llevé a la cama. Vio bragas, olió la leche. Interrogante. Le conté todo, exagerando. Me folló como animal. Polla profunda, destrozándome. Corridas múltiples, intensas.
Calmados, rió. ‘¿Inventado, verdad?’. Mentí: solo recuperé bragas por la ventana. ‘Si te lo hubieras follado, no me importaría. Alguien debe iniciarlo’. Fin de mi inocencia compartida. Ahora, todo cambió.