Recordaba esa tarde con nervios en el estómago. Gérard ausente por quince días. Yo, Danièle, con treinta y seis años, aburrida de la rutina. El Instituto Grégoire me llamaba. Mario, el tipo jovial de la banca, me había invitado. Soné. Entré. Café. Revistas calientes. Corpos rasurados, pollas gruesas. Me excité. Tocó mis tetas por encima del vestido. Sus manos firmes. Picotazo dulce en los pezones. Me besó. Lengua como verga. Me arrinconó contra la pared. Bajó el vestido. Sacó mi teta izquierda. Chupó el pezón hinchado. Gemí bajito. Sudaba. Quería más, pero no allí. Paramos. Me fui con su número. Temblando de deseo.
Tres días después, lo vi en el café. Sandwich en mano. Le dije: ¿Media hora? Subimos al coche. Besos. Mano en mi rodilla. La puse en mi teta. Nervios. ¿Y si Gérard llega? Mentí: Él vuelve pronto. Aceleró mi pulso. Aparcamos frente al edificio. Ascensor. Puerta cerrada. Lo arrastré al dormitorio. Zapatos fuera. Sus manos en mis tetas. ‘Pelóteame y fóllame rápido, sin desnudar’. Caímos en la cama. Levanté la falda. Bajé las bragas. Él, pantalón abajo. Polla tiesa. Me palpó las tetas por la tela. Chupó una. Dedos en mi coño mojado. Abrí las piernas. Me masturbó. Gemí. ‘Estás lista’. Se colocó entre mis muslos. Apartó labios. Empujó. Entró suave, profundo. Grité. Ritmo fiero. Me llenó. Explosé con él dentro. Semen caliente. Se derrumbó. ‘Quédate un poco’.
La Aproximación: Espera, miedo y deseo
Después, ducha. Dormí desnuda. Felicidad. Esa urgencia rompió algo en mí. Recordé mi primera vez a los dieciséis. Boum. Chico guapo. Besos en la rivera. Manos en tetas. Me mojé. Paré antes de más. Ahora, con Mario, crucé la línea. Inocencia adulta hecha trizas. Deseo nuevo. Venganza prometida. Plage nudista. Manos en polla con crema. Trio sorpresa. Polla gorda de Romain. Me partió. Gemí como nunca. Gérard volvió. Sexo soso. Pero yo cambié. Miradas de hombres: halago. Mi cuerpo, templo abierto. Espera nueva hambre.