Recuerdo esa silla del caballo como si fuera ayer. El príncipe Domi me levantó en brazos, me cubrió con el velo de pelo de asintota, suave y cálido contra mi piel desnuda. Mi corazón latía desbocado. Estaba nua de nuevo, como en el estanque, pero esta vez no por accidente. Sus amigos, Someone y Patrik, nos miraban con sonrisas pícaras antes de montar en sus corceles. El rey y la reina esperaban en el palacio. El viaje duraría horas. Me colocó delante de él, pegada a su pecho ancho. Sentí su calor, su aliento en mi cuello. El caballo relinchó, impaciente. Nervios me invadían. ¿Y si dolía? ¿Y si no le gustaba mi cuerpo inexperto? Mis pechos rozaban su camisa, endureciéndose al instante. Bajó una mano, la deslizó por mi vientre. Temblaba. El trote empezó, un vaivén hipnótico. Miedo y deseo se mezclaban. Su miembro ya duro presionaba contra mis nalgas. Susurró: “Eres mía, Cendrine”. tragué saliva. Quería huir y quedarme para siempre.
El movimiento del caballo aceleró todo. Sus dedos encontraron mi mata rusa, húmeda ya de anticipación. Jadeé. Nunca nadie me había tocado ahí. Introdujo uno, despacio. Dolor punzante, pero placer eléctrico. “Tan apretada”, murmuró. Retiró la mano, desabrochó sus calzones. Su verga saltó libre, gruesa, caliente contra mi entrada. El plug anal aún vibraba dentro, del bal. Me obligaba a arquearme. Empujó. La cabecita forzó mi virginidad. Grité, sorpresa y fuego. Rasgó mi himen de un golpe seco con el siguiente trote. Sangre tibia corrió por mis muslos. Lágrimas brotaron, pero no paró. Me llenó por completo, palpitante. Embestidas rítmicas, dictadas por el galope. Mis paredes lo apretaban, inexpertas. Sudor nos unía. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcaban pezones. Gemí alto, sin pudor. El caballo brincaba, profundizándolo más. Orgasmo me golpeó primero, convulsiones brutales. Él gruñó, eyaculó dentro, caliente y abundante. Colapsé contra él, exhausta.
La aproximación: Temblor y deseo en la grupa
Al llegar al palacio, todo cambió. Bajé tambaleante, piernas flojas, semen goteando. Mi inocencia rota, pero un nuevo mundo abierto. El plug aún en su sitio, recordatorio dulce. Domi me besó, poseedor. Ya no era la Cenicienta souillon. Esa noche en la silla me transformó. Nervios iniciales viraron a adicción. Sentí poder en mi cuerpo usado. Fin de la pureza, inicio de pasiones salvajes. El matrimonio siguió, pero esa primera vez, cruda y accidental en el trote, la llevo grabada. Cada galope, un latido eterno. Perdí el velo de doncella, gané un príncipe y placeres prohibidos.