Tenía apenas dieciocho años. Solitario, caminaba por el borde de un lago en el bosque cerca de casa. Tomé un sendero olvidado, cubierto de zarzas y arbustos. Forzaba el paso, sin perder de vista la orilla. Rumores hablaban de una playa para naturistas. Curioso, caliente por sexo nuevo, avancé con sigilo.
Oí gemidos leves. Me agaché, aparté hojas. A diez metros, dos hombres desnudos en una toalla grande. Cuerpos atléticos, bronceados integrales, más de cuarenta. Se devoraban las pollas en sesenta y nueve. Insultos sucios. Mi corazón latía fuerte. Me toqué la polla por encima del pantalón. No aguanté. Bajé todo, me pajeé mirando.
La aproximación: miedo y deseo en la espesura
Sus embestidas eran feroces. Uno paró, pajearon al otro. Polla enorme, apuntando al cielo. Él se arqueó, chorros potentes. El otro bebió todo. Gemí bajo, eyaculé pensando en sus vergas glaseadas. Abrí ojos. Uno estaba frente a mí, desnudo, polla tiesa. Pánico. Intenté subir pantalón. El segundo atrás.
—No temas —dijo el primero. No tenía miedo. Excitado. Polla chorreando mi leche joven, se endureció. Manos en caderas, me exhibí. Les mostré polla y culo. —Un mirón —rió el segundo. —Perdón, no quería molestar… —No molestas, guapo. Estás bien dotado. ¿Puedo? Se arrodilló, olió mi polla. —Llena de jugo. ¿Te toco? ¿Te chupo? Avancé a su boca. Primera mamada.
Lamió mi corrida. Lengua suave engulló mi verga. El otro pegó su polla a mi raja. Murmuraba guarradas. —Puta… ¿Quieres que te folle el culo? Guio su glande. Me cambré. —Ecarte nalgas, pépé. Angustia. Deseaba su polla en mi culo virgen. Me abrí como puta. Esperé. Su lengua lamió mi ano. Divino. Tortilleé culo. Sandwich entre dos machos.
El instante: contacto brutal y éxtasis prohibido
Escupió en mi rosca. Dedo entró suave. Me folló con él. —Adoras esto, puta. Dos dedos. Tres. Me dilataba. Insultos como a hembra. Ofrecí todo. Retiró dedos. Glande en mi ano dilatado. Empujó. Entera. Dolor brutal. Más grande que dedos. Me reventaba. Golpeaba fondo. Agarró caderas. Pelmazos contra mis nalgas. Me moví contra él. —Fóllame fuerte. Dame tu leche.
Pajeador mordía base de mi polla. Extasis. Me pellizcó pezones. Dolor. —Cállate, salope. Sacó polla, eyaculó en mi raja. Tibia. Me untó. Volvió a follarme. El otro me pajeara. Eyaculé chorros. Él se manchó. Beso con mi sabor. Salado, adictivo. Dépucelage real.
Sábados siguientes, todo el verano, me iniciaron. Salope en mí despertó. Dragueo abiertos. Piscinas, saunas. Convertí heteros. Pero esa playa… Fin de inocencia. Cada corrida, cada embestida, nuevo horizonte. Nervios rotos en placer eterno.