Caminábamos por la playa de Turquía, el aire salado pegado a la piel. Henri y yo, cigarrillos en mano, riendo de nuestras conquistas rápidas. Las rubias y morenas de antes ya se habían ido, huyendo a sus maridos jugadores de póker. Seis cientos de metros hasta los bungalós. De repente, Henri me agarra el brazo. ‘Escucha’. Nos paramos. Suspiros. Gemidos fuertes, llevados por el viento. No como los nuestros de hace rato. Más salvajes. Mi polla se despierta al instante. Instinto de voyeur. Le hago señas a Henri. Nos acercamos, agachados, de palmera en palmera. Inútil, ellos no nos ven. Bajo la luna, todo en sombras chinas sobre arena azul. Corazón latiendo fuerte. ¿Qué coño es esto? Primera vez oyendo algo así de cerca. Miedo a que nos pillen. Deseo de ver más. Nos paramos tras una roca. Perfecto escondite.
Allí estaba. Una partouze en vivo. Tres tías y diez tíos. Mujeres mudas, bocas siempre llenas de polla. Hombres gritando guarradas. ‘¡Dale, revienta a esa puta!’. Mi polla dura como piedra. Saco la mía, Henri igual. Empezamos a pajearnos despacio. La más cerca: tumbada, culo alzado por un tío a rodillas. Le abre las piernas al máximo, la folla con embestidas lentas. Polla enorme, se nota. Otro le mama las tetas. Tercero, con huevos en su cara, se los lame. A la izquierda, triple penetración. A cuatro patas sobre un tío tumbado. Él aprieta bajo la espalda, la clava en su polla. Otro por el culo, profundo. Tercero le agarra la nuca, le mete hasta la garganta. Tiembla toda. La tercera, de rodillas, se toca el coño mientras tres tíos se mean delante. Les chupa a turnos. ‘¡Lame bien esas huevos, puta! Están llenos para ti’. Comentan todo, vulgares. Como porno barato, pero real. Mi mano acelera. Nervios en el estómago. Primera vez viendo esto. No en pelis. En carne viva. Luna iluminando sombras crudas. Olor a sexo en el viento. Erección palpitante. Maladroite, frotando torpe, excitado como un crío.
La aproximación: Espera, miedo y deseo
Uno gime fuerte, se corre. Cadena. Todos explotan. Mujeres chillan. Los tres arropan la cara de la que se masturbaba. ‘¡Apunta bien, zorra! ¡Buena para la piel!’. Nosotros eyaculamos casi juntos. Chorros calientes en la arena. Éxtasis puro. Un cuarto de hora después, los tíos se van. ‘Date prisa, mi vieja cree que estoy en el póker’. Mujeres se lavan en el mar, se visten, ríen pasando cerca. Luna clara, nos delata si nos movemos. Esperamos. Se van.
Volvemos por caminos distintos. Digiriendo. Entonces, el golpe. Esas risas. Sus siluetas. Nuestras mujeres. Y la amiga. Las mismas con las que pasábamos días. Ellas, folladas por todos. Nosotros, pajeros escondidos. Humillación quema. Mi inocencia macho rota. Pensaba que éramos cazadores. Pero ellas… salopes de alto vuelo. ¿Cómo mirarlas mañana? Vacaciones acabando, por suerte. Corazón acelerado aún. Polla sensible. Recuerdo esa noche como primera vez real. El未知 excitante. El placer nervioso. La caída.