Luces apagadas. No puedo dormir. El día en Atenas fue agotador: paseo por el centro, compras. Mathias y yo, felices pero reventados. Pero sé por qué velar. Como cada noche estos tres días, cenamos en el restaurante de abajo. Hablamos de sexo, fantasías, como siempre en siete años. Él, mi mejor amigo. Amigos o coqueteo descarado. Bromas, pero miradas que delatan atracción. Nos conocimos online, solteros buscando amor. Nunca pasó nada. No me gustaban los rubios, y él, un crío de 28 años. Coleccionista de desastres. Yo, dos novios serios. Ahora solteros, viaje para desestresar.

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Ante su plato de pasta, cuenta de su ex. ‘Me encantaba ponerla a cuatro patas y comerle el culo’. Levanto los ojos al cielo. ‘Eres un cerdo… Me excitas con eso. No dormiré’. Vuelta a mi cuarto. Una de la mañana. Imágenes en la cabeza. Sé que él tampoco duerme. Me levanto, pego la oreja al muro fino. Nada. 28 grados, clim averiado. Mi camisón de satén pegado a la piel. Salgo al pasillo de puntillas. Puerta chirría. Dientes apretados. Miro derecha, nadie. Izquierda, hacia su cuarto. Un brazo sale, dedo me llama. Desaparece.

La Aproximación: Espera, miedo y deseo

Dudo un instante. Angustia preadolescente. Vientre salta. Avanzo a su puerta entreabierta. Empujo, chirría más. Espectáculo: Mathias torso desnudo, pantalón corto beige, pies descalzos. Poses de dios griego ante el espejo. Piel brillante, monoï de la tarde. Olor invade. Sorpresa, luego miro. Nunca lo vi así. Seco, fino, como me gusta. Bíceps marcados, cara de rubio viril cómica. ‘¿Te la pegas mucho, Apolo?’. Su mirada pasa del espejo a mí. Me recorre. Sonrisa pícara. Tres pasos, brazo sobre mi hombro. Retrocedo, choco con puerta. La cierra de un golpe.

‘Prefiero Eros’. No me achico. Señal mis pechos duros bajo satén negro. ‘¿Puedo ser Afrodita?’. Se aleja, me mira. Fija en mis tetas. Mano cerca, no toca. Respiro agitada. ‘¿Frío?’, dice de mis pezones. Me burlo, pero juego. Me acerco, miro su paquete. Rozó pantalón, ojos en los suyos. Tiembla, no cede. Bulto crece. ‘Tú sí tienes calor’. Paso rozando su vientre aceitado, cojo monoï. Me inclino, muestro culo desnudo. Corazón a mil. Calor en coño.

El Instante: Descubrimiento físico y tensión

Me vuelvo, abro frasco. Él nota sin bragas, bulto obvio. Vierto aceite en palma. Brazo, hombros, escote. Tirante cae. Él la sube, manos sobre mías en cuello. Se pega. Jadeo. ‘¿Sabes a qué juegas?’. Sonrío. ‘Tú empezaste. No dormiría’. Manos bajan: roza pezones, caderas, agarra culo. Me atrae, nariz baja tirante, besa piel. Temblores. Sube a oído: ‘Serías una Afrodita maravillosa’. Todo gira. Beso tímido primero. Sabores nuevos. Luego feroz, lenguas enredadas. Manos en su espalda, pelo, mejilla. Dedos en labios, muerde.

Manos suyas levantan camisón, masajea tetas, culo. Evitamos sexo aún. Me pega a puerta, gimo pese muros finos. ‘Estás tan buena…’. Bajo pantalón: sin ropa interior, polla dura. ‘Ya veo. No traigo equipaje’. Sonrisa, besa cuello, chupa pezones por satén. Tetas sensibles. Yo toco torso, pinzo pezones. Respira fuerte. Quita camisón, quedo con tela en manos alzadas. ‘Date la vuelta’. Obedezco. Pecho a puerta, culo ofrecido. Se pega, frota polla entre nalgas. Nota humedad. Intenta entrar. Me giro: ‘¿Tan rápido?’. Ojos locos. Beso labios: ‘Me muero de calor, ducha’.

Abro puerta, corro desnuda pasillo. Entro mi cuarto, ducha tibia sobre piel aceitada. Él llega pronto. Llama recepción, griego torpe: tsipouro blanco. Golpes puerta. ‘¡Clara!’. Despierto en cama. Tamborilea. Abro desnuda. ‘Te oí gemir…’. Me recorre, ruborizo, cierro. ‘¡Mañana!’. Oreja a puerta, se va. Caigo cama, culo al aire, cara almohada. Retomo sueño. Inocencia rota. Deseo real ahora.

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