Han pasado diez días desde nuestro jueguito de sumisión. Y ella actúa como si nada. Se comporta conmigo igual que con cualquiera. Casi me hace dudar. ¿Fue real o solo un sueño húmedo? Solo pensarlo me excita. Mi polla se endurece bajo el tanga. El glande perla recordando el olor de su braga. El sabor de su dedo chorreante de coño que me dio a chupar. A menudo me aíslo. Meto un dedo en el prepucio. Acaricio el glande húmedo. Lo lamo imaginando que es el suyo. Pero nada en su actitud sugiere ganas de repetir. Ni un recuerdo agradable. Esta mañana parece una adolescente. Jeans, sudadera polar holgada, coleta. Algunos no la verían sexy. Yo sí. La lana suave me dan ganas de abrazos tiernos. Cabeza en su pecho, curvas suaves bajo la prenda grande. Me pone cachondo así, simple. Estamos solos en la sala. Los demás llegan en media hora. Le suelto una tontería. ‘Bonita sudadera polar. Debe ser cálida y suave.’ ‘Sí. Muy agradable, como una caricia en la piel.’ ‘Lástima que el sujetador estropee eso en los pechos.’ ‘Ningún riesgo, hoy no llevo.’ La idea de ella desnuda bajo la sudadera me hincha el tanga. Reacciono a todo lo que dice. Ella remata: ‘Y es genial cuando la muevo así.’ Se inclina adelante. Mueve el torso de lado a lado. La sudadera ondula. Imagino la tela rozando sus pezones. ‘Es… muy agradable’, suspira cerrando los ojos. ‘Me pone los pezones duros.’ Para probarlo, se endereza. Sube la sudadera despacio. Pechos pequeños, firmes de excitación. Me quedo mudo, turbado. Moja su dedo índice en la boca. Lo pasa alrededor del pezón izquierdo. Cabeza atrás, ojos entrecerrados. Senos arqueados hacia mí, ofrecidos. ‘Lámeme’, exhala. Me inclino torpe. Labios en su teta. Tiemblo ella al contacto. Pellizco tierno el pezón. Lo tiro un poco, limpio su saliva. Lo suelto. Paso lengua en mis labios. La pruebo. Ella coge una silla. La acerca. ‘Siéntate’, ordena suave. Obedezco. Me monta a horcajadas. Cara a su pecho. Avanzo la cabeza. Lengua en pezón duro. Lo lamo, giro en areola. Lo chupo entre labios. Besos profundos, lengüetazos fieros en ambos. Suspira. No soy tan torpe. ‘Te gusta, ¿eh?’ ‘Me excitas tanto que tengo el tanga empapado.’ Se levanta. Mira mi bragueta. Abro piernas. Me echo atrás. Mano en muslo. Sube. Agarra mi polla hinchada por el tanga. La masajea sobre el pantalón. ‘¿Llevas slips con la polla abajo? ¿Entre las piernas como perrito sumiso? ¡Dijiste tanga! Verifiquemos.’ Baja cremallera. Mete mano en mi entrepierna húmeda. Dedos exploran el tanga. Lo recorren. Se cuelan entre nalgas. Confirman la tira fina. Sube al sexo. Toca mancha de mi glande baboso. Gira dedo. Presiona más. Entra en prepucio. Titila glande desnudo. Espasmo. Gotea más presemen. Pozo el tanga. ‘No perrito sumiso, mojas como perrita’, dice sacando mano. Dedo brillante. Lo seca en su teta. Círculos hasta pezón. Mano en mi mejilla. Baja a boca. Fuerza labios. Dedo entero adentro. Lo lamo ansioso mientras sale. Aprieto labios, lo seco. Se pone de pie. Piernas abiertas. Desabrocha jeans. Mano en braga. Dedo hurga coño. Sale viscoso de cyprine. Lo unta en otro seno. Me da a chupar. Lo limpio con lengua. Sabor acre, delicioso de su intimidad. Vuelve a ofrecerme tetas. Me lanzo como bebé. Besos fieros. Titilo pezones. Lamo areolas. Ondula ella. ‘Límpialos bien, ni rastro.’ Continúo. Atrapo pezones, los tuerzo suave. Su cuerpo baila. Imagino su braga chorreando. Mi tanga igual, glande perlando bolas. Otra vez mano en pantalón. Se acaricia franco. Ondas rápidas. Respiración entrecortada. Mis lamidas en tetas, su dedo en clítoris o coño. Aflojo labios. Se arquea. Gime ronco. Tiembla en orgasmo. Cae en mis rodillas. Ojos cerrados. Dedo en mi boca. Lo chupo. Saboreo su clímax. Lo aspira antes de quitármelo. Se levanta rápido. Vuelve a mesa. Se viste. Sin mirarme, me echa con gesto. Nuestro juego acaba hoy. Vuelvo aturdido a rutina. Ya nada es igual. Mi inocencia rota por su sabor.