Estaba en esa habitación cutre del hotel en Grande Anse, Guadeloupe. El aire pegajoso, el ventilador zumbando inútil. Jonas triñaba fotos en su MacBook sobre las rodillas. Yo acababa de entrar, con una botella de ti’punch en la mano. Mi corazón latía fuerte, como en la salida de los 200 metros. Primera vez con un desconocido. Un paparazzo que me había pillado topless en la playa. Me había corrido hasta él, le quité las tarjetas, pero no le odié. Al revés. Su mirada me quemaba.

Me senté al borde de la cama. Nervios en el estómago. ¿Qué coño hacía? Exatleta, gloria olímpica, y ahora aquí, oliendo a sal y ron. Le serví un vaso. ‘Tchin’. Nuestras manos rozaron. Electricidad. Él serio, ajustando curvas en la pantalla. Yo, con el bikini aún húmedo pegado a la piel. Sudor perlando mis pechos. Lo miré. Moreno, ojos hundidos por noches de acecho. Divorciado, con un crío. Hablamos de fotos, de retocar. Pero el aire se espesaba. Mi coño palpitaba. Miedo y ganas revueltas. ¿Y si era un error? ¿Y si su polla no valía la pena?

La aproximación: nervios y deseo en la penumbra

Le pedí que apartara el portátil. ‘Es pequeño aquí’, dije, voz ronca. Me acerqué. Olía a hombre, a mar. Le desabroché la camisa. Botón a botón. Piel caliente bajo mis dedos. Tenso. ‘Hace calor’, murmuré. Soplaron mis alientos en su pecho. Besos salados. Sus manos temblorosas en mi cintura. Yo, guiando. Nerviosa, pero cachonda. Primera vez sin prisa, sin público. Le quité la camisa. Piel erizada. Mi mano bajó. Encuentra bulto duro. ‘Tienes el zoom fuera’. Risas nerviosas. Besos torpes, lenguas chocando.

El instante: contacto crudo y éxtasis salvaje

Me puse a gusto. Solo tanga. Billete dentro, juguetona. ‘Para propina’. Sus ojos devorándome. Tetas negras, duras. Goteo de punch en los pezones. Frío, pinchazo. ‘Apágamelos’. Boca suya, caliente. Lamidas. Gemí. Mano en su polla. Dura, venosa. ‘Sisé, sisé’. Masturbación lenta. Él gime. Yo empapada. ‘Todo duro contra todo suave’. Monté. Perche olímpica. Entró. Lento. Llenándome. Dolor placer. Movimientos. Sudor. Gritos. Clímax brutal. Él dentro, caliente.

Después, tumbados. Cuerpos pegajosos. Silencio roto por respiraciones. Mi inocencia rota. Ya no era la niña de Puteaux con camiseta Speedy. Había follado con un extraño. Excitante, sucio, real. Marcas rojas en su espalda. Mi coño sensible, adolorido. Sonreí. Horizonte abierto. No vuelta atrás. Aquella noche, Grande Anse me cambió. Piel marcada, alma libre.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *