Estaba en mi dormitorio. Esperando a Zayna. El corazón me latía fuerte. Mamá acababa de decir que sí, pero con esa mirada de preocupación. ‘No hagáis ruido’, dijo. Como si supiera. Tenía dieciocho años. Ya no era su pequeña Isis. Jo estaba ahí, en la mesita. Mi robot. El regalo que papá y mamá lamentaban. Setenta y ocho por ciento de uso en sexo. Lo sabía. Cerré la puerta. Nervios en el estómago. Excitación por lo desconocido. ¿Qué traería Zayna?

Toc-toc. Entró. Vestida como una puta. Faldita corta, top escotado. ‘De un amigo’, dijo riendo. Mamá flipó abajo. Subió corriendo. Sacó el saco. ‘Jungle Force’, la extensión para Jo. Y al fondo… el harnés super-sensitivo. Mi pulso se aceleró. ‘¿Lo has probado?’, pregunté. Negó con la cabeza. Primera vez para las dos. ‘Ponte ropa cómoda’, dijo. Me quité todo. Desnuda. Vulnerable. Ella instalaba la extensión. Yo miraba el harnés. Negro. Embouts de goma. Del pequeño al monstruoso. Elegí uno mediano. Nervios. Manos temblando. ‘Te ayudo’, murmuró. Sus dedos en mi piel. Fríos. Eléctricos. Lo ajustó. Correas apretadas en caderas. Embout presionando contra mi coño. Húmedo ya. ‘Ahora los sensores’, dijo. Pegatinas en pezones. Electrodos en clítoris. Hilos por todas partes. Maladroite. Se enredaban. Reíamos nerviosas. Pero el deseo crecía. ‘Prueba’, dijo. Lo encendió. Vibración suave. ‘Hmm…’. Curioso. Como un cosquilleo interno.

La aproximación: espera y nervios

Se acercó. Mano en el harnés. Movió. Fuerte. ‘¡Aah!’. Sensación brutal. Directa al coño. Como si me follaran de verdad. ‘¿Sientes?’, jadeé. Asintió. Jo listo. Extension Jungle Force. Modo sexo activado. Me puse a cuatro patas. Insegura. Ella detrás. Manos en mis nalgas. Empujó el control. Jo se activó. Rugió como fiera. Vibraciones intensas. Y el harnés… sus movimientos se transmitían. Cada roce suyo, lo sentía yo. Maliciosa. Nerviosa. ‘¡Joder, qué fuerte!’, grité. Ella gemía también. Sus caderas contra mí. Fricción. Sudor. Olor a sexo. Aceleró. Yo temblaba. Piernas débiles. ‘¡No pares!’. Boca abierta. Gritos ahogados. Primera vez sintiendo tanto. Tan real. El robot no era máquina. Era bestia. Sus dedos en mis tetas. Tirando pezones. Dolor placer. Maladroite al principio. Deslizaba. Reía. Pero luego… ritmo. Profundo. Me corrí. Fuerte. Gritando. Cuerpo convulsionando. Líquido bajando piernas.

Después… vacío dulce. Inocencia rota. Nunca más igual. Zayna jadeando. ‘¿Pruebas tú?’. Cambiamos. Yo el harnés. Ella a cuatro. Pequeño embout para ella. Mis manos torpes. Empujé. Sus gemidos. Intensos. Jo zumbando. Segunda ronda. Adictas ya. Pero ruido. Mamá irrumpió. Desnuda. ‘¡Folladme también!’. Vergüenza. Ira. ‘¡Mamá, joder!’. Ella tocándose. Zayna la miró. Risas locas. Le dimos el grande. ‘Para tu abuela’, bromeó. La follamos. Gritó más fuerte. Papá abajo, ocupado. Mundo salvando. Nosotros en caos. Salí desnuda. A por guardaespaldas. Cuerpo marcado. Sensaciones grabadas. Aquella tarde… primera vez real. No con chico. Con amiga. Robot. Harnés. Familia loca. Nervios convertidos en fuego. Ahora, recordándolo, tiemblo aún. Aquello abrió puertas. Nunca cerradas.

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