Llegué al bar de billar pasadas las 18:15. Tráfico infernal, manifestación. Mi colega se fue. Me senté en la barra. Pedí un porto caliente. Él, grande, negro, musculoso, fin de los treinta. Jeff, el doorman. ‘Te lo ofrezco’, dijo con sonrisa enorme. Lips gruesas, bíceps tensos en camisa negra. Olor viril, exótico. Hablamos. Stéphane, el dueño, llegó. Otro porto. Nos fuimos al lounge. Jazz suave. Rodillas rozando. Calor subiendo por mis medias finas. ‘Ven a mi casa por un porto viejo’, propuso. Corazón latiendo fuerte. ¿Y si solo es un trago? Quería más. Caminamos calles cortas. Apartamento viejo, renovado. Vista al mar. Música romántica. Piernas tocándose en el sofá. Pies enredados. Nervios. ¿Me seduce o juego? Su pie sube mi muslo. Abro piernas. Calor en mi coño. ‘Tómame, Jeff’. Boca en mi cuello. Manos grandes suaves. Lengua juguetona. Presión de su polla dura contra mí. Se quita ropa. Cuerpo perfecto. Polla enorme, venosa. Primera vez vi una así. Miedo y ganas.
Sus labios en mis tetas. Lengua en círculos. Dedo en mi clítoris hinchado. Gimo. Polla rozando entrada. Entra despacio. Llena todo. Vaivén lento. Corriente eléctrica. Orgasmos vaginales, primeros en mi vida. Veo su verga entrar y salir, jugos míos. Otro clímax. Él eyacula en mi vientre. Boca en mi coño. Lengua devorando. Tercer orgasme, grito salvaje. Me levanta, penetra de pie. Al cama. Por detrás. Testículos golpean. Trago su semen caliente, dulce picante. Cuerpos sudados, exhaustos.
La Aproximación: Espera, miedo y deseo
Después, su cabeza en mi hombro. ‘Eres fresca, firme’. Dedo en mi ombligo con su leche. Miradas cómplices. Inocencia rota. Mundo nuevo abierto. Ahora nos vemos siempre. Él me enseñó placeres ocultos. Esa noche, nervios viraron éxtasis. Ya no soy la misma.