Me acuerdo como si fuera ayer. La cabina estrecha del bar de moteros. Olía a cerveza rancia y sudor. Catherine y Nicola me habían empujado ahí dentro. ‘Quítate la ropa y mete la polla por el agujero’, ordenaron desde fuera. Mi corazón latía como un motor a tope. Era mi primera vez en algo así. Un glory hole. Desnudo total, en la penumbra. El aire frío me erizaba la piel. Metí la verga tiesa por el orificio redondo, a la altura de mi bajo vientre. Lateaba de anticipación. ¿Quiénes estarían al otro lado? ¿Ellas? ¿Otras tías? El miedo me mordía las tripas. Sudaba. Quería salir corriendo, pero el deseo me clavaba ahí. La moto, la persecución en el periférico, todo eso me había puesto a mil. Ahora, esto. Espera eterna. Segundos como horas. Nervios mezclados con una excitación salvaje. Mi polla expuesta, vulnerable. Listo para lo desconocido.
De repente, un roce. Suave al principio. Labios calientes envolvieron el glande. Joder. Mi primera mamada anónima. Dos bocas, cuatro manos. Mordían el frenillo con dientes suaves. Lenguas girando alrededor. Una garganta profunda me tragó entero. Me temblaban las rodillas. El placer crudo, animal. No veía nada, solo sentía. Dedos lubricados por mi precum metiéndose en el meato. Caricias en las huevos, apretando justo lo necesario. Intentaba contar segundos. Uno, dos… Quince minutos mínimo, sin correr. Veinte máximo. Pero el cuerpo no obedecía. Otro agujero se abrió a mi derecha. Manos en mi pecho. Pizcando pezones. Descargas eléctricas directas a la polla. ¿Quién coño era esa tercera persona? ¿Una tía? ¿Un motero? No importaba. El combo era letal. Boca succionando, manos masajeando huevos, dedos retorciendo tetillas. Mi verga hinchada al límite. Respiraba agitado. Maladresse en cada movimiento mío, apretando puños contra la pared. Tensión subiendo como una ola. No aguantaba. Quería correrme ya, pero resistía. El latex de un condón cubrió mi polla de golpe. Habilidad experta. Vuelta la succión, más feroz. Lengua babosa lamiendo huevos. Pum. El orgasmo explotó. Golpeé la pared. Espasmos brutales. Semen saliendo a chorros, atrapado en el preservativo. Grité como un toro. Cuerpo temblando. Éxtasis total. Primera vez así. Pura liberación física.
La espera tensa en la oscuridad
Salí tambaleante. Vestido a prisa. Ellas en la mesa, como si nada. Un motero le pasaba un condón lleno a Catherine. Se fueron sin mirarme. El doggy bag era para ellas. Mi leche fresca, robada por un desconocido. No eran ellas al otro lado. Bocas de tíos. Mi inocencia hecha trizas. Traicionado, pero jodidamente satisfecho. Esa corrida me cambió. Abrió puertas prohibidas. Ya no era el mismo. Florence esperaba, pero esto… esto era el fin de la pureza. Una marca indeleble. Nervios rotos, deseo eterno.