Estábamos en el garaje de esa casa en un pueblo del norte. Un pávulo plantado en medio de la nada, como décía él. Mi corazón latía fuerte. Nervios. Sudor frío en la nuca. Él me miró con ojos de lobo. Yo, inexperta, con el coño ya húmedo de anticipación. ¿Y si alguien nos pilla? La puerta entreabierta dejaba entrar el aire frío de la noche. Me agarró del pelo. Tiré fuerte hacia la puerta del garaje. Duele. Pero excita. Mi respiración se acelera. Siento el calor subiendo por mis muslos. Es la primera vez que voy más allá de besos torpes. Miedo mezclado con ganas. Sus manos grandes, callosas, me aprietan las nalgas. ‘¿Estás lista, puta?’, susurra. Trago saliva. Asiento con la cabeza. El pulso me martillea las sienes. El olor a gasolina y aceite me marea. Pero mi cuerpo pide más. Se acerca. Siento su aliento en mi cuello. Tiemblo. La espera es eterna. Cada segundo estira la tensión como un elástico a punto de romperse.
De repente, me gira. Baja mis pantalones de un tirón. El aire frío choca contra mi coño caliente de deseo. Presenta su porra enorme a mi raja ardiendo. Gruesa. Venosa. Late. La frota contra mis labios hinchados. Gimo bajito. Nervios. ¿Entrará? Empuja despacio. Me llena por completo. Ese grosor me estira. Duele un poco. Pero es rico. Comienza a pistonearme. Lento al principio. Siento cada vena rozando mis paredes. El sonido húmedo llena el garaje. Acelera. Más rápido. Me agarra las caderas. Me embiste fuerte. ‘¡Eres una puta!’, gruñe. ‘¡Sí!’, jadeo. ‘¡Una alumeuse!’. ‘¡Sí, joder!’. ‘¡Putain, salope!’. ‘¡Sí, continue…!’. Me folla la boca con palabras sucias. Me excita más. Cambia. Saca su braquemart brillante de jugos. Me pone de rodillas. ‘¡Dilo! ¿Qué te hago?’. ‘¡Me enculéas, cabrón!’. ‘¡Dílo otra vez!’. ‘¡Me enculéas, me enculéas!’. Lubrica con mi propio flujo. Apunta a mi culo virgen. Empuja. Quema. Rompe. Grito. Pero sigo. Me pistonea el órgano. Profundo. Me llena los intestinos. Ojos en blanco. La primera vez anal. Brutal. Sensual. Suda. Yo sudo. El nylon de mi blusa roza mis pezones duros. ‘¡Ma blouse, ma blouse!’, balbuceo en la fiebre. Me corro temblando. Él gruñe. ‘¡Espero, quiero correr en ti!’. ‘¡Es maravilloso!’. Eyacula dentro. Calor líquido me inunda.
La Aproximación: Miedo y Deseo en la Oscuridad
Sale. Me dejo caer contra la pared. Piernas flojas. El garaje huele a sexo crudo. Mi inocencia rota. Ya no soy la misma. Siento la huella en mi culo palpitante. Sperma goteando. Me visto torpe. Él sonríe. Yo, sonrojo. Caminamos fuera. El cielo estrellado parece burlarse. Esa noche cambió todo. Recordarlo aún me moja. La maladresse de los movimientos primerizos. Los insultos que ardían como besos. La tensión que explotó en placer puro. Fin de la niñez sexual. Nuevo horizonte abierto. Nervios convertidos en adicción. Ahora, cada garaje me trae el eco de ese pistón. La trace indeleble.