En el salón privado del club libertino, el aire olía a deseo contenido. Recordaba esa noche como si fuera ayer. Yo, Yann, acercándome a los cincuenta. Stéphanie, mi mujer de cuarenta, atlética, con culito firme y pechitos pequeños que tanto le complejaban. Habíamos fantaseado años. Sexo oral, anal, juguetes. Pero esa vez, era real.

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El trayecto en coche la había puesto nerviosa. Tactile, expectante. Yo, reservado, con la polla dura apretada en los vaqueros. Estresado por el plan. Llegamos al parking. Edificio antiguo, coches elegantes. Ella preguntó. Sabía que era un club swingers. Temblaba. Pero excitada. Le dije que solo visitaríamos. Nada obligatorio.

La aproximación: espera, miedo y deseo

En la entrada, la chica nos explicó. Salones privados. El nuestro, no listo aún. Bar, baile, terrazas. Un salón abierto arriba, solo voyeurs. Exploramos. Gente bien vestida. Música suave. En el bar, un trago. Subimos. Multitud en la puerta. Ruido de gemidos. Se abrió. Mujer en el centro. Tres tíos. Uno la follaba por detrás. Otro en la boca. Marido acariciándola. Stéphanie se tensó. Yo le toqué el culo. ‘Debe estar gozando’, susurré. Ella se pegó a mí. Húmeda ya.

Apareció Antoine. Hombre con quien chateaba online. Conversamos. Él preguntó si le gustaría. ‘No sé si podría’, dijo ella, roja. Bajamos al bar. Silencio tenso. Él nos siguió. ‘Tú sí podrías’, insistió. Se acurrucó contra mí. Me fui un momento. Al volver, la temperatura subía. Toqué su plug bajo la falda. Chorreaba.

El salón listo. Antoine: ‘Tu marido quiere follarte’. La llevé adentro. Puerta entreabierta. Quité su vestido. Coño empapado. Se arrodilló. Me chupó con hambre. No vio entrar a Antoine. ‘Suce como una diosa’, dijo él. Frío en su espalda. La sujeté la cabeza. Siguió. Nerviosa, pero voraz.

Le hice señas. Antoine la tocó. Dedos en su coño. Se arqueó. Gemí. Él se puso condón. La penetró lento. Vaivenes. Ella alternaba mi polla y gemidos. Me retiré. Él sacó. Se la metió en la boca. Primera polla ajena. Divino. Maladroite al principio. Luego, experta. Lamía el glande. Miradas.

El instante: contacto físico brutal y descubrimiento

Le quité el plug. Me hundí en su coño. Gimiendo con la boca llena. Luego, su culo. Dos dedos primero. Lubriqué. Entré. Basculó. Polla en culo, otra en boca. Real. No juguetes. Succionaba como loca. Antoine se fue. Volvió al culo. Dos nuevos entraron. Se masturbaban viéndola.

Nuevo en su boca. ‘Hazlo disfrutar, cariño’. Lo tomó. Cuatro hombres ahora. Palabras crudas. ‘Salope’. ‘Chúpame’. ‘Te lleno el culo’. Cambios. Coño chorreando. Al futon. Montó a uno. Yo en su culo. Doble penetración real. Sensaciones nuevas. Estrecho, húmedo, vivo.

Cambié. Ella follada por todos. Tres pollas a la vez. Eyaculaciones en condones. Luego, caras. Semen en tetas. Se fueron. Yo la follé última. Riendo nerviosa. Olía a sexo puro. Me corrí largo.

Vuelta en coche. Silencio. Sonrisa suya. Algo roto. Inocencia ida. Al día siguiente, aún su piel olía a ellos. Nuevo round. Sabíamos: repetiríamos.

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