Recuerdo esa noche como si fuera ayer. En la casa de Véronique, durante la cena. El corazón me latía fuerte. Había llegado con minifalda y top, nerviosa. Sabía que él estaría allí. Constantin, el enano viril. Mi vientre ardía de anticipación y miedo. ¿Y si no me gustaba? ¿Y si traicionaba a mi marido muerto?
Véronique y Cédric se besaban sin pudor. Él le manoseaba los pechos grandes por el escote abierto. Yo bebía rosado a tragos. Constantin, a mi lado, con brazos fuertes pese a cortos. Su mano rozó mi muslo desnudo. La piel se me erizó. La aparté una vez. Volvió, subiendo. Más alto. El calor subía. No resistí más. Mi coño empapaba el tanga.
La Aproximación: Tensión Bajo la Mesa
Se metió bajo la mesa. Sus manos abrieron mis piernas. Olí mi excitación. Sacó el tanga. Lengua experta en mi clítoris. Lamía despacio. Nervios y placer puro. Gemí bajito. Frente a mí, Véronique chupaba la polla de Cédric. Yo me tocaba los pechos por el top. La cabeza echada atrás. Todo giraba. El duelo se desvanecía.
Véronique nos mandó a la habitación de invitados. Puertas abiertas. Vimos cómo se desnudaban, se tocaban, se lamían en 69. Constantin me tomó la mano. Entramos. Me ordenó: ‘Quítate todo y chúpamela’. Obedecí. Su polla surgió. Enorme, recta, dura como hierro. Más grande que la de mi marido. Me tapé la boca, asombrada.
Me senté en la cama. Boca abierta. El glande me hinchó las mejillas. Tosí al principio, falta de práctica. Luego, succioné fuerte. Imitando un polvo. Él me acariciaba el pelo. Miradas cruzadas. De la habitación vecina, gritos de Véronique en levrette.
El Instante y la Huella: Del Contacto a la Libertad
Se puso el condón. Me tumbó en misionero. Glande en mi vulva. Esperó. Yo presioné con talones en sus nalgas. Entró. ‘¡Oh síiii!’, grité. Forzó hondo, metódico. Yo respondía con caderas, tetas bamboleando. ‘¿Te sientes follada?’, preguntó. ‘¡Sí, fóllame más!’. Cambiamos. Yo encima, luego perrito. Vi a Véronique cabalgando a Cédric.
Nos unimos a ellos. Ellas lado a lado, folladas por los dos machos. Luego, cambio. Cédric en mi culo, casi virgen. Dolor al principio, luego orgasmo anal brutal. Constantin sodomizaba a Véronique. Eyacularon juntos. Corrimos al baño, ano ardiendo. Ducha riendo. Mi inocencia rota.
Después, todo cambió. Ya no era la viuda triste. Follar con él se volvió rutina. Su polla infatigable me devolvía la vida. Prestigio en mis círculos: ayudaba a un ‘hombre de pequeña talla’. Pero era su verga lo que me ataba. El plan a cuatro repetía en secreto. Mi cuerpo despertó. El duelo acabó esa noche bajo la mesa.