Llegué al pequeño piso de dos habitaciones en mi coche. Justine ya estaba allí. Mi corazón latía fuerte. Primera vez yendo a follar con un desconocido. Ella había avisado: Pierre para mí, el otro para ella. Nervios me trepaban por la garganta. ¿Y si no me gustaba? ¿Y si era torpe? Pero el deseo ardía abajo, húmedo.

Hice la bise a los dos chicos. Veinte años, cuerpos firmes. Justine desapareció con el suyo en su cuarto. Pierre me miró suave. Hablamos poco. Sus labios se pegaron a los míos. Su mano bajó directo a mi coño. Ya mojada. Me acarició la vulva. Temblé. Me llevó a su habitación. Ayudé a quitarme la ropa. Desnuda. Le quité el polo. Sentada al borde de la cama, él de pie. Bajé su pantalón. Zapatillas fuera, calcetines también. El calzoncillo quedó.

La aproximación: espera y nervios

Deslicé la tela. El glande asomó. Lamí suave. Rodeé con labios. Bajé más. Besos por el tronco. Lo chupé apretando labios. Mis manos en sus nalgas musculosas. Ritmo mío. Empujaba. Él jadeó. ‘Despacio’. Me tumbé. Piernas abiertas. Su verga frente a mi entrada. Entró lento. Todo. Me taladró. Ritmo variado. Profundo, rápido. Oía a Justine gritar al lado. Yo gemía bajo. Orgasmos juntos. Elevé cadera. Lo clavé hondo. Fui a la ducha. Volví a su lado.

El instante: contacto y éxtasis

Hablamos. Estudios. Mi vida. Marido. Le contó interés. Su mano en mi coño otra vez. Dedo dentro. Clítoris. Boca en pechos, vientre. Lengua en mi botón. Segundo orgasmo. Explosivo. ‘Ven’. Me penetró. Lo bloqueé adentro. Mirada fija. Contraí vagina. Branlette interna. Nueva para él. Besos. Coito fuerte.

Me vestí. Golpeé puerta de Justine. ‘Chic, dos para mí’. Salí. Esa noche, inocencia rota. Nuevo mundo. Excitación del desconocido. Ya no volvería atrás. Nervios dulces quedaron en memoria. Placer crudo, primera vez perfecta.

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