Recuerdo esa noche como si fuera ayer. El corazón me latía con fuerza en el restaurante. Hablábamos de mis aventuras. Él insistía en el número. Yo sonreía, guardaba secretos. Después, en el parking oscuro, me arrodillé ante su polla dura. La lamí despacio. La tragué entera. Él se corrió en mi garganta. Pero esa era mi noche. Quería más. Algo nuevo. Algo solo mío.

Llegamos al concierto al aire libre. Música blues retumbaba. Elegí las últimas filas. Me senté junto a él, un cincuentón anodino pero bien vestido. Mi pareja a mi lado. Crucé las piernas. Mi pie rozó su pierna. ‘Perdón’, murmuré. Pero no me moví. Sentí su mirada. El pulso se aceleró. Miedo. ¿Y si mi pareja nota? ¿Y si él rechaza? Pero el deseo ardía entre mis muslos. La falda subía ligera. Su dorso de mano rozó mi piel desnuda. Temblé. No me aparté. Giró la palma. La posó en mi muslo. Calor subió por mi vientre. Espera eterna. Cada acorde del blues avivaba la tensión. Abrí un poco las piernas. Su mano avanzó. Dedos curiosos alcanzaron mi entrepierna. Mi coño húmedo los recibió. Nervios me mordían la garganta. Movía el bajo vientre sutil. Él frotaba mi clítoris. Círculos lentos. Jadeos ahogados en la música. Me mordí el labio. El orgasmo llegó silencioso. Olas brutales. Él lamió sus dedos. Mi jugo en su boca.

La Aproximación: Espera, miedo y deseo entrelazados

Me incliné a su oído. ‘Sígueme’. Quité mi tanga empapada. Se la di a mi pareja sin mirarlo. Me levanté. Él me siguió. Caminamos a la playa oscura. La barca volcada nos esperaba. Sombra total. Corazón desbocado. Primera vez sola. ¿Lo haría? Me desnudé la blusa. Tetas al aire. Bajé la falda. Arrodillada ante su polla. La saqué. Gorda. Dura. La lamí el glande. Lengua juguetona. No tragué. Solo endurecerla. Manos manicuradas en su tronco. En sus huevos. Él gemía bajito. Mi coño chorreaba. Primera vez tocando a un extraño así. Nervios me erizaban la piel. Me puse de pie. Recogí mi humedad. Unté su glande. Pierna en alto sobre su brazo. Froté mi clítoris con su verga. Luego, la hundí en mi coño. Bombeé lento. Él jadeaba. ‘Al culo’, susurré. Primera vez por detrás con alguien ajeno. Salí su polla mojada. La apunté a mi ano. Empujé. Dolor placentero. Entró fácil, lubricado por mi jugo. Ritmo alterno. Lento. Rápido. Él se corrió dentro. Yo exploté. Temblores. Sudor. Malabares excitantes de novatos.

Volví al concierto. Sonriente. Sola. Mi pareja preguntó. ‘Trèès bien’, le dije lamiéndole la oreja. El show acabó. Lo llevé a la playa. Ante la barca. ‘Así es sin ti’. Le chupé la polla. La unté en mis tetas. En mi coño. Me la clavó. Luego, en levrette. ‘Como a él’, pedí. La metí en mi culo. Follando fuerte. Corrida juntos. Agotados. Caminamos a la auto. Inocencia rota. Ahora sabía el sabor del secreto solo. Nervios convertidos en adicción. Nuevos horizontes abiertos. Curioso él. Satisfecho yo.

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