Estaba en la cocina trasera del restaurante chino de Ménilmontant. El olor a soja y aceite frito impregnaba el aire caliente. Coralie, con su falda corta y blusa ajustada, me miró con esa sonrisa pícara. Tenía diecisiete años. Yo, el mismo. Mi corazón latía como un tambor. Sudaba. El padre roncaba en la sala principal, después de la siesta. ‘Ven’, susurró ella, tirando de mi mano.
Me arrastró detrás de las ollas humeantes. El espacio era estrecho. Cajas apiladas, un fregadero sucio. Nervios me atenazaban el estómago. ¿Y si nos pillan? El deseo ardía más fuerte. Sus tetas rozaban mi pecho. Olía a perfume barato y sudor dulce. Mis manos temblaban al tocar su cintura. Ella rio bajito. ‘¿Primera vez?’, preguntó. Asentí, rojo como un tomate. Me besó. Labios suaves, lengua ansiosa. Mi polla ya dura, apretada contra los pantalones.
La aproximación: nervios y deseo en la penumbra
Bajó la cremallera. La saqué. Gruesa, venosa, palpitante. Primera vez que una chica la veía así. Sus ojos se abrieron. ‘Joder, qué grande’. Me masturbó despacio. Temblores. Miedo y excitación. El padre podía despertar. Ella se subió la falda. Bragas blancas, húmedas. Las apartó. Coño rasurado, labios hinchados. Brillaba. Me guió la mano. Húmedo, caliente. Gemí. Dedos torpes explorando.
Me empujó contra la pared. Frío en la espalda. Se arrodilló. Boca caliente envolviendo la punta. Lengua girando. Chupaba con hambre. Saliva goteando. Mis rodillas flojas. Agarré su pelo negro. Follar su boca, primerizo, descontrolado. Ella tosió un poco. Se rio. ‘Ahora fóllame’. Se puso de pie. Culazo contra mí. Pantalones abajo. Condón? Ni hablar. Crudo. Primerizo.
El instante: contacto brutal y éxtasis virginal
La penetré. Lento al principio. Cabeza apretada. Virgen total. Dolor placentero. Ella jadeó. ‘Más adentro’. Empujé. Calor vaginal me envolvió. Estrecha, jugosa. Ritmo torpe. Choques descoordinados. Sudor goteando. Sus tetas rebotando. Gemidos ahogados. ‘Cállate’, susurré, oyendo ronquidos lejanos. Aceleré. Pelvis chocando. Polla hinchada al máximo. Ella se corvó. Uñas en mi brazo.
Explosión cercana. Ella tembló primero. Coño contrayéndose. Me ordeñó. No aguanté. Semen caliente brotando dentro. Chorros potentes. Gemí bajo. Cuerpos pegados, temblando. Salí. Líquido escurriendo por su muslo. Marca de nacimiento en forma de corazón en su nalga derecha. La vi por primera vez. Inocencia rota.
Nos vestimos rápido. Risas nerviosas. Beso rápido. Salí del restaurante con piernas de gelatina. El mundo cambió. Esa noche, en mi cama, recordé cada sensación. Polla sensible aún. Fin de la virginidad. Inicio de la obsesión. Coralie, ahora Phou Foun, pero entonces solo mi primera follada prohibida. Nervios eternos, placer inolvidable.