Finales del verano del 2000. Caro, mi amiga de 45 años, se mudó cerca de nosotros tras una ruptura dura. La hospedamos unos días. Doce años menor que yo, su presencia me alteraba. Bonita, sola. Noté su mirada. Si no fuera por mi esposa Béa, habría intentado algo.
Le ayudé con el mudanza en mi furgoneta grande. Terminamos tarde. En su nuevo piso, montamos el armario y la cama juntos. Sudor, polvo por todas partes. Ella suspira: ‘Qué sitio bonito, pero estaré sola. Lástima que Béa te espere…’
El Acercamiento: Espera, miedo y deseo
‘Ni lo pienses. Estoy sucio, sediento. Debo irme a casa.’
‘True. Ven a la cocina, te sirvo algo. Y no te vayas así: dúchate aquí. Te dejo ropa limpia.’
Bebo el vaso. No tengo prisa. Entro al baño. La puerta entreabierta. Y allí está. Desnuda. Perfecta. Pechos pequeños, altos, pezones como frambuesas. Entre piernas, liso total. Labios mayores oscuros, hinchados. Me quedo mudo.
‘Tienes razón, yo también estoy polvorienta. Savonéame.’ Nervios me suben por la espalda. ¿Esto es real? Corazón late fuerte. Manos tiemblan al acercarme.
Empiezo. Jabón en sus pechos. Pezones duros bajo mis dedos. Bajo por su vientre plano. Entre sus muslos. Su coño glabre, caliente. Froto suave. Ella gime bajito. Maladroite, mis manos resbalan. Excitación pura. Mi polla se endurece ya.
Ella me desnuda. Me lava. Tripa, huevos. Polla tiesa brilla bajo el agua. La miro. Ojos hambrientos. Cuatro meses sin sexo, dice después. Yo saboreo sus frambuesas. Mordisqueo. Chupo. Ella jadea.
No aguanto. La llevo a la cama nueva. La abro. Coño húmedo, rosado. Entro despacio. Primera vez con ella. Tensa, caliente. Me envuelve. Empujo. Gime fuerte. Ritmo acelera. Sudor fresco. Sus uñas en mi espalda. Eyaculo dentro. Ella tiembla, orgasmo brutal.
Varias veces más. Cansado, vuelvo tarde a casa. Piel ardiendo. Culpa mezclada con euforia.
Días después, almuerzo con ella. ‘Me has borrado cuatro meses de sequía en una noche.’ Pacto: la ayudo hasta que encuentre pareja. Sin amor. Solo sexo. Discreto.
El Instante: Contacto brutal y descubrimiento
Meses de placer. Descubrimos la zona. Follando en cada parada.
Ese día, jornada completa. Paso por su casa. Vestido decente, abotonado. Abro dos botones arriba. Confirmo: sin sujetador. Pezones listos para endurecerse.
Paseo por pueblo turístico. Comemos en fonda. Mesa apartada, mantel largo. Abro su vestido bajo la cintura. Toco muslos suaves. Subo. Labios húmedos. Dedo entra. Busco clítoris. Ella para: ‘¡No rompas mi culotte nueva!’
Va al baño. Vuelve. Abre todo: ‘Sigue, libre ya.’ Dedos libres. Clítoris hinchado. Camarero ve su cara. No insiste.
Tarde, montaña. Castillo en ruinas. Subimos. Viento frío. Besos tibios. Capilla abajo. Entramos. Muros gruesos. Ella se arrodilla. Baja mi pantalón. Boca caliente en mi polla. Dura en segundos.
La tumbo en ventana. Coño a mi boca. Lamo. Chupo clítoris. Dedo en ano. Protesta suave. ‘Fóllame ya.’
Vestido abierto. Entro hondo. La lleno. Pistoneo. Dedo en roseta. Explota. Grita. Yo me corro dentro.
Cinco minutos para vestirnos. ‘¡Si mi madre viera…!’ Ríe. Dos semanas después, conoce a Max. Fin de mi interim.
Aquella primera ducha. Rompió algo en mí. Inocencia de la fidelidad. Ahora, recuerdo nervioso. Excitado aún.