Estábamos en el sofá del salón del búnker. Alain acababa de volver de su odisea en la superficie. Pálido, exhausto, pero vivo. Yo acababa de salvarle la vida reparando esa maldita generatriz. Mi corazón latía fuerte. El beso de ayer aún quemaba en mis labios. Ahora, con él aquí, el aire se cargaba de algo más. Nervios. Deseo.
Me senté a su lado. Su mano rozó mi muslo. Accidental, o no. Temblé. Hacía meses que no tocaba a un hombre así. Piotr estaba muerto. Sacrificado por mí. Pero Alain… él me había salvado. Me miraba con esos ojos hambrientos. Yo bajé la vista. Mi cuerpo, aún flaco pero con curvas renaciendo, se erizaba bajo la camiseta fina. Sentía mi sexo humedecerse. Miedo. ¿Y si lo rechazaba? ¿Y si no?
La Aproximación: Espera y Deseo Tenso
Hablamos poco. Su historia de la superficie podía esperar. El silencio gritaba. Me acerqué. Mi aliento en su cuello. Él giró la cabeza. Nuestros labios se encontraron. Duro. Urgente. Lenguas torpes al principio. Como adolescentes. Mi mano en su pecho. Sentí su corazón galopar. Bajé más. Palpé la dureza en sus pantalones. Dios, qué grande. Nerviosa, retiré la mano. Él gruñó. Me atrajo contra él.
Caí sobre su regazo. Sus manos en mi culo. Amasaban. Fuerte. Yo gemí. El miedo se mezclaba con fuego. ¿Era esto traicionar a Piotr? No. Era vivir. Sus dedos subieron por mi espalda. Quitó mi camiseta. Mis pechos libres. Pequeños pero firmes. Él los miró. Los lamió. Mordisqueó los pezones. Arqueé la espalda. Placer eléctrico. Mi coño palpitaba. Empapado.
Lo empujé suave. Me puse de pie. Desnuda casi. Culotte blanca pegada a mi piel. Él se quitó la camisa. Músculos tensos por la supervivencia. Cicatrices nuevas. Lo besé el torso. Bajé al cinturón. Temblando, lo abrí. Su polla saltó. Gruesa. Venosa. Cabeza roja brillante de precum. Primera vez viéndola así. De cerca. Real. La toqué. Caliente. Dura como hierro. Él jadeó.
El Instante: Contacto Brutal y Descubrimiento
Sus manos en mi cabeza. Me guió. Abrí la boca. Lamí la punta. Salado. Extraño. Pero excitante. Chupé torpe. Tosí un poco. Él no se quejó. Gemía bajo. Me levantó. Me tumbó en el sofá. Bajó mi culotte. Mi coño expuesto. Depilado por necesidad. Húmedo. Él lo miró. Sonrió lobuno. Metió un dedo. Deslizó. Gemí fuerte. Otro dedo. Me folló con ellos. Lento. Luego rápido. Orgasmo building.
No esperó más. Se puso encima. Polla en mi entrada. Miradas clavadas. Nervios al máximo. Empujó. Lento. Duele un poco. Estrecha por meses sin sexo. Entró centímetro a centímetro. Llenándome. Gemido gutural mío. Él paró. Besó mi cuello. Luego embistió. Fuerte. Ritmo salvaje. Sudor. Alientos entrecortados. Uñas en su espalda. Piernas alrededor suya.
Culé contra él. Malabares excitantes. Tropezones en el sofá. Reímos nervioso. Pero no paramos. Cambio posición. Yo encima. Cabalgué. Polla profunda. Rozando punto G. Grité. Él manos en mis tetas. Pellizcaba. Aceleré. Orgasmo me golpeó. Espasmos. Coño apretando su verga. Él gruñó. Se corrió dentro. Caliente. Mucho. Colapsamos. Jadeantes.
Después, silencio. Su semen goteando de mí. Manchas en el sofá. Mi inocencia rota. No era virgen, pero esto… primera vez en el fin del mundo. Con él. Miedo disipado. Solo paz. Y algo nuevo. Amor, quizás. Piotr en mi corazón. Alain en mi cuerpo. Horizonte abierto. Mañana reconstruiríamos. Juntos. Desnudos. Unidos.