Todo empezó en la bodega de los sapos. Aquel sótano húmedo, lleno de carbón viscoso y telarañas colgando de las vigas. Olía a podrido, a miedo antiguo. Gwen insistió esa noche. ‘Vamos a dormir ahí abajo, como prometiste’. Mi corazón latía fuerte. Llevamos un viejo colchón, unas baratijas y un paquete de Mars robado. Bajamos torpes, el aire espeso nos ahogaba.
Calafeteé todos los agujeros. Negro total. Nos acostamos en los extremos del colchón. ‘No hables, no toques, respira bajo’, susurró. Yo temblaba. Años enfrentando demonios solo, pero ahora con ella cerca. Treinta centímetros. ¿Qué pensaba? ¿Sentía mi pánico? El silencio pesaba. Gotas caían rítmicas, rompiendo el vacío. Mi polla se endurecía traicionera, mezclada con terror a la trampa, al monstruo viscoso acechando.
La espera en la oscuridad
Esperé. Sudor frío. Imaginaba su cuerpo pálido, sus curvas en la nada. Deseo y pavor se enredaban. ¿Y si la bestia salía? ¿La devoraba primero? Mi respiración se aceleraba. Nervios a flor de piel. Quería tocarla, gritar, pero no. Solo oscuridad y latidos. El deseo crecía, malicioso, excitante en lo prohibido.
Algo me rozó. Mou, viscoso. Respiración profunda cerca. Tentáculo en la garganta, frío, glu glu. ‘¡Gwen!’, quise gritar. Muda parálisis. Me montaba. Calor abrasador. Pensé: la bestia me devora. Empalada en mi polla tiesa como nunca. Potencia surhumana. Se movía fiera, insaciable. Jugos calientes, resbaladizos. Follando sin piedad. Perdí el control. Eyaculé una, dos, tres veces. Imposible. Fuego en las entrañas. Me desmayé en el éxtasis terrorífico.
El contacto brutal y el despertar
Desperté solo. Cuerpo dolorido, polla ardiendo pero intacta. Tanteé. Nada. Ni Gwen, ni bestia, ni trappe. Pánico puro. Golpeé paredes. Atrapado para siempre. Horas, ¿días? Sudor, sed, delirio.
Al mediodía, luz. Gwen abrió la trappe con sonrisa pícara. ‘¿Ensalada o pescado?’. ‘¡Bruja!’, grité. Subí exhausto. En la cocina: ‘Nunca me follaron tan bien. Divino’. La embestí. Le arranqué la ropa. Lengua en su coño empapado. La hice gritar. Insaciable. Esa noche cambió todo. Fin de mi inocencia. Ya no era solo miedo. El placer nació del abismo, crudo, adictivo. Gwen y la bodega me abrieron horizontes retorcidos. Nunca volví a ser el mismo.