Subía las escaleras del tercer piso. Madera que cruje bajo mis pies. Sin ascensor. Cada peldaño un latido. Mi polla dura como nunca. Paul, el observador eterno, ahora invitado al centro del escenario. Naïa me esperaba. El aire olía a jazmín y ropa limpia. Abrí la puerta temblando.

El estudio era simple. Colchón en el suelo. Mesa baja con libros. Y el perchero. Decenas de bragas colgando. Cotonas, hilos, tangas. Colores vivos, telas finas. Su colección. Ella se plantó frente a mí. Quitó la falda despacio. Nada debajo. Su coño al descubierto. Pelo corto, no afeitado del todo. Labios suaves, hinchados, cobrizos. Clítoris carnoso, como un acento vivo.

La aproximación: espera y nervios

Me arrodillé. El corazón me martilleaba el pecho. Nervios puros. Sudor en las palmas. Siempre había mirado. Catálogo de formas veladas. Nunca tocado. Mi regla sagrada. Pero allí estaba. Ella, desnuda. Calmada. ‘Dime qué ves’, susurró. Mi voz salió ronca. ‘Una boca honesta. Fruta tibia. Clítoris audaz’. Ella suspiró. Placer real. Yo, al borde del abismo.

La excitación me ahogaba. ¿Y si la arruino? ¿Y si mi mano traiciona? Quería huir. Quedarme. Mi polla palpitaba en los pantalones. Contenida. Ella se acercó. Su coño a centímetros de mi cara. Calor. Olor dulce, almizclado. ‘Bésala. Solo labios. Como sellar un sobre’. Dudé. Segundos eternos. El deseo ganó. Acerqué la boca. Rozé suave. Sus labios contra los míos. Textura aterciopelada. Tibia. Húmeda ya. Un roce inocente. Mi primera vez. El mundo se detuvo.

El instante y la huella eterna

Temblé entero. Electricidad pura. Nervios explotando en placer. No lengua. Solo eso. Sellé mi pacto. Ella retrocedió sonriendo. ‘Ahora, mi colección’. Empezó el juego. Bragas una a una. Coton blanca. Yo describí: ‘Para días duros. Coño paciente’. Acierto. La bajé. Labios brillantes. String rojo. ‘Fuego contenido’. Cerca. Tanga negro. Fallé. ‘Para correrme caminando’, rió. Beige fina. ‘Timida curiosa’. Sí. Fantasma nude. ‘En espera’. Perfecto.

Ella quitó la última. La puso en mi boca. ‘Córrete sin tocar’. Grité. El semen brotó violento. Pantalón empapado. Dolor dulce. Contención rota. Ojos cerrados. Su olor everywhere. Al abrirlos, ella desnuda. ‘Mañana te leo yo’. Mi inocencia se fue. Ya no solo miradas. Ahora, sabor. Textura. Realidad cruda.

Desde ese beso, todo cambió. El coño de Naïa no era imagen. Era vida. Mi regla, polvo. Nervios convertidos en adicción. Recordarlo aún me pone duro. Aquella tarde de abril. El primer roce. Fin de un mundo. Inicio de otro.

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