Recuerdo esa noche en el sofá de Sandra como si fuera ayer. Habíamos follado como animales justo antes. Mi polla aún palpitaba dentro del condón lleno de semen. Ella se levantó, desnuda, con mi corrida esparcida en su vientre. Caminó hacia la cocina, su culo meneándose. Yo la miré, hipnotizado. Mi erección volvía rápido. Era mi primera vez queriendo más, tan pronto.
Sandra se inclinó en la mesa, mostrando su coño y culo goteando. ‘Mírame, Jean, sigo mojada’. Su guiño me encendió. Me acerqué. Ella bebió agua, derramándola sobre sus tetas a propósito. Sus piernas se abrieron. Mi polla rozó su clítoris. Gemía. ‘Frótate, sí’. Sacó un condón nuevo. Lo puse. Quería penetrarla, pero ella guio mi polla a su ano. ‘Encúlame, Jean. Mi culo está celoso’.
La aproximación: nervios y deseo ardiente
El corazón me latía desbocado. ¿Primera vez en el culo? Nervios me invadían. Miedo a dolerle, a fallar. Pero el deseo ganaba. Empujé lento. Su cara se crispó al pasar el glande. Luego, sonrió. ‘Despacio, sigue’. Entré entero. Pausa. Sensaciones nuevas, apretado, caliente. ‘Muévete, fóllame el culo’. Agarré sus caderas. Ritmo lento al principio. Ella vibrador en el clítoris. Gemía fuerte. Yo aceleraba. ‘¡Sí, más fuerte!’.
De repente, una mano en su teta. Otra en mi culo empujándome. Christelle. Su colocataria. ‘Os oí desde el pasillo. ¿Puedo unirme?’. Besó a Sandra. Se desnudó. ‘Nunca he follado con dos tías así’, admití nervioso. Excitación mezclada con pánico. ¿Podría con las dos? Sandra me sacó del culo. ‘A mi cuarto’. Nos llevó de la mano, mi polla en su puño.
El clímax y la huella eterna
En la cama, Sandra tumbó a Christelle. ‘Lámela, Jean’. Besos en muslos. Evité su coño al principio. Maladroite, exploraba. Ella abrió sus labios. Lengua dentro. Encontré sus zonas. Dedos curvados. Sandra chupaba sus tetas. Christelle gemía. ‘¡Sí, ahí!’. Clítoris succionado. Se corrió gritando. Ondas de placer. No paré. Otro orgasmo. ‘¡Para, me matas!’.
Sandra, excitada: ‘Fóllame ahora’. A cuatro patas. Entré en su coño. Christelle besándola. Dedos en su clítoris. Luego, se metió debajo en 69. Lengua en Sandra, en mi polla, huevos. Dedo en mi culo. Brutal. Sandra se corrió. Yo exploté en el condón. Christelle lamió todo. Nos besó. ‘Dormid conmigo’. Nos acurrucamos. Besos finales. Dormí entre ellas, exhausto.
Al día siguiente, todo cambió. Mi inocencia rota. Primera anal, primer trío. Nervios convertidos en adicción. Esa maladresse inicial, el pulso acelerado, el sudor nervioso. Ahora, recuerdo y me pongo duro. Horizontes abiertos. Ya no hay vuelta atrás.