En el sillón de mi pequeño apartamento del Barrio Latino. Esperaba desde las cuatro. Nervios a flor de piel. El corazón latiendo fuerte. ¿Vendría? Después de anoche en el sótano del hotel, follándola contra la mesa como animales. Su coño chorreando, mis dedos dentro, luego mi polla hundiéndose hasta el fondo. Dos minutos de locura. Y ahora, sola en mi casa.
Sonó el timbre. Ahí estaba. Vestida con un vestido corto ceñido, medias negras, botas de tacón. Elegante, puta. Sonrió. “No me saltes encima aún”. Se sentó en el sillón grande. Piernas cruzadas. La falda subiendo, mostrando muslos perfectos. Hablamos. De su marido Chris, rico trader. De su aburrimiento. De cómo me buscó en Google. De que nunca me olvidó.
La aproximación: espera y deseo nervioso
Sus ojos brillaban. Recruzó las piernas. Crujido de medias. Vi encaje. No eran pantimedias. Auténticos ligueros. Mi polla se endureció al instante. Me miró divertida. Sabía el efecto. Me levanté. La besé con furia. Lenguas enredadas. Manos en su pelo. La otra bajo la falda. Saqué la tanga diminuta. Se enganchó en las botas. La rompí. Bajé. Levantó las rodillas en los reposabrazos. Coño rubio expuesto. Olor suave. Lunar en el labio. Lamí. Gemidos suaves. Lengua dentro. Espasmos.
“¿Por qué Chris no me hace esto? Es demasiado bueno”. Se retorcía. Manos en mi cabeza. Clítoris hinchado. Lo chupé. Lo lamí rápido. Gritó. “¡Oh yes! ¡Hazme correr!”. Se corrió fuerte. Cuerpo arqueado. Cyprine en mi boca.
Se recompuso. Atacó mi pantalón. “¿Quieres una mamada? Soy pro”. “No. Quiero follarte”. Se deslizó al borde. Coño morado, hinchado. Me hundí. Duro como madera. “¡Qué bien te siento! No como Chris”. Levantó piernas en mis codos. Profundo. “¡Más fuerte! ¡Destrózame!”. La aporreé. Pubis contra clítoris. Gland al fondo. Gritaba amor. Se corrió otra vez.
El instante: penetración brutal y descubrimiento
Pausa. A cuatro patas en el sillón. Falda arriba. Polla de nuevo en coño. La labré. Gemidos. Saqué. Apunté más arriba. Ano fruncido. Presioné. Fuerte. Sphincter cedió. Gland dentro. Gritó. Me hundí hasta las bolas. Contra sus nalgas firmes. “¿Te duele?”. “No… sigue. Si duele, no importa”. Movimientos cortos. Se relajó. Aceleré. Manos en caderas. Ritmos variados. “¡Oh my God!”. Mano en clítoris. Se metía dedos en coño. Se corrió. Yo exploté dentro. Torrente en sus entrañas.
Eranos muertos. La senté en mis rodillas. Caricias. “Esperaba que lo hicieras”. “En Val Thorens fallé”. “Ahora eres el primero, amor”. Primera vez en el culo. Su inocencia rota. Placer nuevo. Horizonte abierto. Nervios iniciales, maladestros empujones, luego éxtasis puro. Tensión liberada.
Luego, la charla dura. Quiere amante. Yo quiero todo. Llora. Se va sin bragas. Rota. Pero SMS: “¿Serás fiel?”. Londres. Confiesa: Chris gay. Divorcio. Primera noche juntos. Ensayo. Matrimonio. Ahora, embarazada. Sonríe corrigiendo esto. Feliz.