Estaba acorralado en la esquina del salón de Sarah. Nueve chicas gritando ‘¡A pelo, a pelo!’. Mi polla dura como piedra en el bóxer. Sudaba. El corazón me martilleaba el pecho. Mi hermana Stéphanie se levantó, ojos maliciosos. ‘¡Vamos a arrancártelo!’ Las otras rieron, uñas rojas acercándose. Pánico. Deseo. No podía moverme. Primera vez tan expuesto. Ellas, casi desnudas, culottes húmedas. Yo, el único tío. El único premio.
Sarah subió a la mesita baja. Silencio. Sacó un saquito negro. Miedo puro. ¿Qué coño sería? Un vibrador. Pequeño, rosado, brillante. ‘¡Esperad, chicas! En vez de arrancárselo, juguemos limpio. Frédéric se quita el bóxer ahora. Y la primera que pierda… le hace una mamada. Con muestra de leche en la lengua. ¿Trato?’ Gritos de aprobación. Miradas hambrientas sobre mi bulto. Asentí. Temblando. Manos torpes bajaron el bóxer. Polla saltó libre. Roja, venosa, goteando precúm. Risas. ‘¡Mira qué polla rica!’ ‘¡Virgen total!’ Cubrí con manos. Vergüenza quemaba. Pero excitación ardía más.
La Tensión Antes del Contacto
Sarah sonrió. Piercing en lengua brilló. ‘Ven, chico. Siéntate.’ Obedecí. Desnudo entre culottes. Partida reanudó. Cartas volaban. Ellas perdían adrede. Otra prenda menos. Ophélie se quitó tanga. Coño depilado. Pauline igual. Yo, tieso, esperando. Nervios me comían. ¿Quién sería? ¿Sarah? Su boca carnosa. Imaginaba el piercing rozando mi glande. Sudor corría por espalda. Polla palpitaba sola. Ellas miraban. Se lamían labios. Stéphanie guiñaba. ‘Vas a gozar, hermanito.’ Odio. Amor. Todo mezclado.
El Placer Brutal y la Huella Eterna
Turno fatal. Sarah miró cartas. ‘¡Mierda, perdí!’ Risas locas. Se arrodilló ante mí. Pechos melones rozaron mis muslos. Olor a perfume y excitación. Manos suaves en rodillas. Subieron lentas. ‘Relájate, Fred. Primera vez, ¿eh?’ Asentí. Muda. Boca cerca. Calor aliento. Labios tocaron glande. Suave. Húmedo. Gemí. Lengua salió. Piercing frío chocó piel sensible. Eléctrico. Lamida lenta. Subió vena. Bajó. Chupó cabeza. Vacío. Placer punzante. Inocencia rota ahí. Manos en pelo. No pude parar. Empujé caderas. Maladroite. Ella rió. ‘Tranquilo.’ Tragó más. Mitad polla. Succión fuerte. Piercing giraba. Fricción nueva. Brutal. Sentí bolas apretar. ‘¡Voy a…!’ Sacó. Lengua plana. Chorros calientes. Blanco espeso cubrió piercing. Mostró a todas. ‘¡Mirad!’ Risas. Tragó. Limpieza final. Beso glande.
Se levantó. Yo, jadeando. Polla goteaba restos. Miradas chicas. Aplausos. Stéphanie celosa. ‘Ya eres hombre.’ Pero dentro, vacío dulce. Inocencia ida. Mundo cambió. Esa lengua. Ese piercing. Grabado eterno. Caminé a casa tres horas. Cada paso, recuerdo. Nervios pasados. Placer nuevo horizonte. Ya no chico. Hombre marcado. Ansioso más.