La playa de La Plagette, Port Leucate, 18 de junio de 1989. Calor sofocante en Toulouse. Le preparo el desayuno en la cama. La despierto con la lengua. Lame su coño despacio. Emerge gimiendo. ‘Tengo una sorpresa’, le digo. Robusto ligera, sombrero de paja. Sacamos toallas, crema solar. Una hora después, aparcamos cerca del faro. Bajamos el sendero empinado.

Se para en el borde de la falda. Mira abajo. ‘¡Mira qué guapos!’, sonríe. Abajo, tras las rocas, una pareja de treinta. Ella de rodillas, chupando su polla con deleite. La abrazo por detrás. Deslizo la mano bajo su falda. Sus labios húmedos mojan mis dedos. Tiembla un poco. Nervios. Excitación del desconocido.

La aproximación: nervios y deseo en la playa

Bajamos. ‘¿Me trajiste bikini?’, pregunta. ‘No, es playa nudista. Verás pollas bonitas’, respondo. Ríe fuerte. Extendemos toallas en la arena caliente. Pique-nique: fougasse, pan-bagnat. Nos desnudamos. Primera vez de ella en naturismo. Su cuerpo radiante, curvas perfectas. Me vuelvo loco. Baños, siesta, besos largos. Manos en su piel salada. Miradas ajenas. Corazones acelerados.

Casi las 18:30. ‘Hay que irse’, digo. Me atrae. ‘Fóllame antes’. Miro alrededor. Gente aún, pero poca. La pongo boca abajo. Mano bajo su vientre. Coño húmedo. Abre las piernas. Dedos dentro. ‘¿Ya follaste en playa?’, pregunto. ‘No’. ‘¿Te puso el casal?’, ‘Sí’. Gime. Humm, humm. Rollo su clítoris. Dos dedos profundos. Masajeo su culito. Levanta el culo. Explota. Se derrumba en la arena.

Mi brazo atrapado. Polla tiesa, a la vista de todos. Primera vez erecto ante extraños. ‘No puedo moverme’, digo. Ríe. ‘Ven al agua, amor. Tu polla es sublime. Excitarás a todas’. Me agarra la verga. Caminamos desnudos. Ríe. Agua fría calma mi rigidez. Tres minutos. Presentable de nuevo.

La huella: el eco eterno de esa inocencia rota

Subimos el sendero. Un tío de 40 nos sigue. Vio todo. Nos cede paso. ‘Vayan, mejor vista’, digo pícaro. Sonríe cómplice. Subimos. Su falda corta. Vemos su culito, su coño al aire. Paraíso rocoso, mar, intimidad expuesta. Arriba, nos da las gracias. ‘Buena noche’.

Camino a la voiture. ‘¿Por qué nos agradeció?’, pregunta. ‘Por el espectáculo. Vio tu coño, tu culo. Tenía una erección enorme’. Se sonroja. Manda. ‘¡Me dejaste mirar! Perverso… Me excita’. Falsa ira. Verdadera calentura.

Vuelta tranquila. Paramos en área. La veo mear. Adoro. Noche agobiante en el piso sauna. 23:30. A la cama. Gritos vecinos. Pareja joven follando. Ella sube tono. Mi polla dura. Mano en mi verga. ‘¿Escuchar te pone?’, ríe. Confieso. Siempre me excita oír placer ajeno.

Se empala. Mouille. Gotea por mis huevos. ‘Me mojarás el culo’, digo. ‘Me excita’. Gime fuerte. ‘Baja, el vecino chico escucha’. ‘Que se paje pensando en mi culo’. Sin palabras. Ambas mujeres gritan. Orgasmos simultáneos. Inocencia rota. Ahora, 35 años después, esa playa vive en nosotros. Nervios dulces. Placer eterno.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *