Estamos en 2015. Me llamo Aurélien. Tengo casi 31 años. Vivo en el sur de la zona francesa de la provincia anglo-europea. Trabajo en un labo de control genético de nacimientos. Mi puesto es subalterno. Destruyo por combustión muestras de esperma manipulado con anomalías. No es glamoroso. Mi vida social y sentimental es un desierto. Hace dos años sin tocar a nadie. Solo alquilo cartas-films de criaturas modificadas. Las modelo en mis pantallas para placeres solitarios frustrantes.
Recuerdo los 2000. Mujeres naturales. Ya no envejecen gracias a terapias génicas. Tengo un adaptador DVD antiguo. Veo películas con heroínas de antes: Laetitia Casta, Emmanuelle Béart, actrices X voluptuosas. Me excitan sus imperfecciones. Pechos operados o naturales. Menudos, enormes, asimétricos. Piel real. Mis amigos me ven excéntrico. Pervertido por amar la belleza original.
La Aproximación: Tensión y Deseo en el Sofá
Hoy, chicas eligen modelos en UNIGEN desde la pubertad. Cuerpos perfectos. Uniformidad asfixiante. Rechazo eso. Mi gusto por lo natural viene de 2003. Mi primera vez. Perdí la virginidad con Françoise, amiga de mi madre. Quince años mayor. Me educó en sexo con dulzura.
Mis padres se fueron el fin de semana. Yo vegetaba en casa. Françoise vino a devolver un libro de cocina. Tocó la puerta. ‘¿Puedo entrar un rato? Te veo poco. Ya eres adulto, ¿no?’. Orgulloso, la invité a tequila. Nos sentamos en el sofá. Hablamos de mis proyectos. Alcohol me exaltaba. La miré diferente. Alta. Ojos negros profundos. Cejas graciosas. Fetiche mío: cejas reales, no depiladas ni tatuadas. Pelo negro cayendo en cascada. Rostro sereno. Sensualidad discreta. Un poco rellenita. Femenina.
Se inclinó por fuego. Olí mora y almizcle. Me turbó para siempre. Hablaba de su rutina melancólica. ‘Toma un amante’, dije inocente. ‘¿Voluntario?’, respondió maliciosa. Balbuceé. Enrojecí. Miré sus pechos. ‘¿Mis tetas te interesan?’, rió serena. Abrí la boca. Nada. Lentamente, desabotonó su camisa blanca. Sujetador lila. Lo soltó. Pechos blancos, en pera, evásivos. Como pin-ups de 1950. Mi polla dura en el short.
El Instante y la Huella: Del Contacto Brutal al Éxtasis Eterno
Me tomó la mano. La puso en sus tetas. Las acaricié tímido. Primero una. Luego dos. Me besó labios. Bajó mi cabeza. Besé, chupé, mordí. Suavidad infinita. Respiró fuerte. Gimió. ‘Sigue’. Me desnudó. Yací desnudo. Polla al cielo. Se quitó ropa lento. Preguntó: ‘¿Virgen?’. ‘Sí’. ‘Mmm’. Se empaló suave. Mojada. Caliente. Entré fácil. ‘Respira. Relájate’. Imposible. Bajovientre en llamas. Urgía correrme. Pero calmó.
Se movió. Cerró ojos. Rió suave. Gané confianza. Aceleró. Se frotaba fuerte. Líquido caliente entre sexos. Agarré tetas. Pellizqué pezones duros. Perdió control. Gimió. Gritó. Frotó salvaje. Pubis dolía. Retrasaba mi explosión. Se tensó. Me devoró boca. Frenesí. Gritó en orejas. Cayó inerte. Polla salió dura. Pelo sudoroso. Miró asustada. Vi reproche: no corrí. Se lanzó a mi polla. Chupó ardiente. Ojos salvajes. Entraba y salía.
‘Voy a…’. Exploté. Semen en su cara, pelo, mejillas, frente, cuello, tetas. Fuerza brutal. Semiconsciente. Temí reacción. La vi: cabeza en mi vientre spermo. Se masturbaba fiera. Mano en coño ruidoso. Rostro crispado. Ojos desorbitados. Gritó ronco. Segundo orgasmo. Bestial.
Dormí feliz. Despertó de ducha. ‘Increíble, dormilón’. Quise abrazar. Se fue callada. Al día siguiente llamó. Fuimos amantes seis meses. Hasta la guerra. Ionizada en 2004 con París. Doce millones. A seguir…