La puerta se abre despacio. Ella está ahí, pura feminidad. Nuisette y déshabillé de seda negra. Revela lo esencial, oculta lo innecesario. Sus curvas generosas me hipnotizan. Un perfume ligero invade el aire. Se aparta, me deja entrar. Nuestros cuerpos se rozan. Cierro la puerta. Estoy detrás. Mis manos en sus caderas. Mi boca en su cuello.

El beso se vuelve largo, hambriento. Mis manos suben por su cuerpo ofrecido. Agarro sus muñecas, las levanto sobre su cabeza. La placo contra la puerta. Su corazón late fuerte. Siente mi aliento en la nuca, mi boca ávida. Mi calor contra el suyo. Una mano baja por su espalda, al hueco de la cintura, a la curva de sus nalgas. Rozo su cadera, el bajo vientre liso, suave. Subo a un pecho, lo acaricio con el pulgar.

La Aproximación: Temblor ante lo Desconocido

Mi boca busca su lóbulo. Exploro su piel como ciego memorizando una escultura. La otra mano en su muslo, sube, descubre el tanga fino. Me arrodillo. Lo bajo despacio, lo dejo a sus pies. Libero su fruto deseado. ‘Qué suave sentir tus dedos en mis muslos’, piensa ella. Me mira, deseo en sus ojos. Me tiende la mano. Quiero levantarme, grabar su rostro.

Nuestros rostros cerca. Su pulgar roza mi sien, mejilla. Cierro ojos, saboreo. Sus dedos delinean mis labios. Se acerca, besa tierno, luego audaz. Siente mi erección. Mi mano en su cintura, caderas, ingle, interior del muslo. ‘Ecarte más’, le ordeno suave, impaciente. Mi mano posee su concha húmeda. Un dedo entra, guiado por el calor. Me pego, la empujo contra la puerta. Otra mano en su pecho, juega el pezón erecto. Besos profundos, lenguas danzan. Dos dedos ahora, entran y salen.

Abandono su boca. Baja por el cuello, entre pechos. Lamo, muerdo el pezón. Ella arquea espalda, presiona contra mis dedos. Quiere más. Yo acelero, rozo su clítoris. Me arrodillo. Manos en nalgas, acerco su sexo a mi boca. Cierro ojos, inhalo su aroma. Lamo labios hinchados, encuentro el clítoris erecto. Lo chupo, muerdo suave. Ondula, gime, manos en mi cabeza. Piernas tiemblan. Llega el orgasmo, la invade. Se desliza, la abrazo. Beso voluptuoso.

Siente mi dureza. Toma iniciativa. Baja, acaricia mi miembro. Lengua humedece labios, lame la hampe, muerde. Lo traga profundo. Aspira testículos. Mis dedos en su pelo, guío. Alterna ritmos. Estoy al borde. Me mira, lo sabe. Lo engulle todo. Exploto en su boca, néctar caliente. Me besa labios, me lleva a la habitación.

El Instante y la Huella: Fusión y Ruptura Eterna

En la puerta, la retengo. Beso apasionado. La levanto, al lecho. ‘Te amo, ángel’. La deposito. Exploro su piel. Se abre. La penetro lento. Nos miramos. Acelero. Gime. La siento cabalgar, contrae. Venimos juntos, plenos.

Al alba, la miro dormir. Desde el sillón, su sexo expuesto invita. Beso tobillos, subo por piernas. Lengua en su ano. Dedo entra. Gime despierta. Dos dedos en vagina, uno en ano. La penetro anal. Fuerte, profundo. Dedos en su sexo. Explosión mutua.

Ducha. Sonido timbre. Oigo pasos. Buée oculta. Manos en ojos, beso cuello. Pechos rozan espalda. Tercera mano en torso. ‘Silencio’. Una besa atrás, muerde nalgas, acaricia testículos. Otra lame pezones. Lenguas en mi miembro, se besan sobre él. Exploto en sus bocas.

En la habitación, ellas dos. Mi fantasía. Eve devora sus pechos, baja al sexo. Dedos dentro. Cambrada, gime. Yo miro, me masturbo. Ella goza gritando. Nada más bello que dos mujeres fusionadas.

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