¿Qué hago aquí? El corazón me late como un tambor. Estoy frente a la puerta de Damien, el 14 de marzo, White Day. Llevo mi vestido negro ceñido, maquillaje sutil, chongo con mechones sueltos. Sudor en las palmas. Presiono el timbre. Ding-dong. El sonido resuena en mi cabeza. ¿Y si me rechaza? ¿Y si esto arruina todo? Un mes desde San Valentín, desde que le di mis chocolates y huí ruborizada. Ahora él me invita. Nervios. Deseo. Mi entrepierna ya palpita recordando mis masturbaciones pensando en él.
La puerta se abre. Damien, guapo con camisa blanca y corbata azul. “Entra, mi amor”. Su voz cálida. Entro, tacones resonando. Huele a cena romántica. Velas. Vino. Comemos, reímos. Sus ojos en mis pechos, 90C apretados bajo el escote. Me sonrojo. Termina la cena. “Levántate, sorpresa”. Cierro los ojos. Sus brazos me rodean. Paquete. Lo abro: el videojuego que amo. “¡Gracias! Te amo”. Nuestros labios chocan. Besos suaves. Luego urgentes. Lenguas danzando. Manos en mi cintura. Baja a mis nalgas. Aprieta. Gimo bajito. Mi inocencia tiembla.
La aproximación: Temblor ante la puerta
Hana toma iniciativa. O yo. Deslizo el vestido. Quedo en lencería negra: encaje, tanga húmeda. Él jadea. Desato su corbata. Botones de camisa. Su torso velludo, barriguita suave. Me pego. Pechos contra él. Duro. Sus manos en mi espalda. Desabrocha sujetador. Cae. Boca en mi cuello. Besos húmedos. Chupa mi pezón izquierdo. Lengua girando. Mano en el derecho, amasando. Respiro agitado. Toco su polla por encima del pantalón. Dura como piedra. Desabrocho. Bajo todo. Su verga erecta, venosa. Me muerdo el labio. La tomo en boca. Saliva chorreando. Lengua en el glande. Subo y bajo. Él gime: “¡Oh, amor!”.
“A la cama”. Lo sigo. Me tumba. Besos por todo el cuerpo. Se detiene en tetas. Mordisquea pezones. Baja al vientre. Quita tanga empapada. Boca en mi coño. Lengua en clítoris. Dedos dentro, curvados en punto G. Gimo fuerte. “¡Hum… sí!”. Caderas se arquean. Piernas lo aprietan. Orgasmo explota. Temblores. Cyprine chorrea.
El instante: Piel contra piel, fuego desatado
Se pone condón. Glande en mis labios vaginales, hinchados, abiertos. ¿Lista? Asiento. Entra lento. Estrecho. Duele un poco. Placer inmenso. “Hum”, gimo. Mueve caderas. Ritmo crece. “¡Sigue, cariño! ¡Es tan bueno!”. Me pone a cuatro patas. Levrette. Golpes profundos. Gridos. Cambio a Andrómaca. Yo arriba. Cabalgo. Sus manos en mis tetas. Sudor. Respiros jadeantes. Clímax juntos. Mi coño aprieta su polla. Él eyacula dentro del condón. Caigo sobre su pecho. Besos. “Te amo”. Dormimos entrelazados.
Despierto nueva. Inocencia rota. Horizonte abierto. Cada toque grabado: nervios torpes, pieles chocando, fluidos mezclados. Aquella noche, en su dormitorio, nacimos como amantes. Nunca más solos. Pasión eterna.