En la habitación del hotel, el corazón me latía como un tambor desbocado. Hacía semanas que planeaba esto. Para vengarme de él, de sus aventuras. Jacques era un desconocido de internet. Alto, fuerte, con esa mirada que prometía romper barreras. Me desnudaba despacio, nervioso él también. Yo temblaba. ¿Y si no podía? Veinte años casada, y nunca le había chupado la polla a mi marido como él quería. Siempre excusas. Cansancio. Ahora, cámara encendida, mi hombre me veía desde casa. Quería que sufriera. Pero el miedo me atenazaba. Sus manos rozaban mi piel. Frías al principio. Mi coño ya húmedo, traicionero. Me besaba el cuello. Mordiscos suaves. Me ponía de rodillas. Su polla erecta, gruesa, venosa. La miré. Grande. ¿Entraría en mi boca? El pulso en las sienes. Excitation y pánico. La cámara grababa todo. Él nos veía. Nervios en el estómago, como primera cita adolescente.

Se la acerqué a los labios. Dudé. Lamí la punta. Salada. Pre-semen. Él gimió. Empujó un poco. Abrí la boca. Lentamente. La cabeza entró. Caliente. Llena. Me atraganté al instante. Tos seca. Él esperó, paciente. Volví a intentarlo. Más profundo. Lengua alrededor del glande. Chupé. Maladroita al principio. Dientes rozando. Él guio mi cabeza. Ritmo lento. Mi saliva bajaba por el tronco. Glotones. Nunca así con mi marido. Solo besos rápidos, pre-matrimonio. Ahora, lo devoraba. Excitation crecía. Mi coño palpitaba. Manos en sus huevos. Masajeé. Él jadeaba. ‘Así, guapa’. Me aceleré. Boca arriba-abajo. Garganta profunda. Lágrimas en ojos. Pero placer. Poder. Lo tenía. La cámara, testigo. Mi marido, humillado. Yo, descubriendo mi hambre.

La Aproximación: Temblor ante lo desconocido

Me tumbó en la cama. Piernas abiertas. Me penetró el coño primero. Fuerte. Rápido. Gemí alto. Dolor-placer. Pero quería más. Lo nuevo. ‘Cógeme por detrás’, susurré. Primera vez. Siempre negado a mi hombre. ‘Sucio’, decía. Él lubricó. Dedo en mi ano. Tenso. Nervioso. Dolor agudo. Respiré hondo. Otro dedo. Estiraba. Quemaba. Pero curiosidad ardía. Su polla presionó. Cabeza entró. Grité. Rasgaba. Lágrimas reales. Paré. Él esperó. Besos en espalda. Empujó más. Mitad dentro. Plenitud extraña. Malestar que viraba éxtasis. Ritmo lento. Luego rápido. Mi culo se abría. Placer prohibido. Ondas desde dentro. Orgasmo building. Miré la cámara. A él. Sonreí. Desafío. Él me veía gozar como nunca. Cara deformada. Placer puro. Él eyaculó dentro. Calor inundó. Colapsé. Sperma goteaba.

Después, vacío. Culpa pinchaba. Pero huella imborrable. Inocencia rota. Ese ano virgen, ahora mío. Boca experta de golpe. Caminé desnuda al pasillo. Él se fue. Volví al hotel. Esperé a mi marido. Pero no vino. Todo se torció. Lágrima en sofá. Amigas vieron el video. ‘¡Qué puta!’, decían. No. Primera vez. Descubrimiento. Ahora, con él, reconciliados, repito. Su polla en mi culo. Dulce. Nuestro. Pero echo de menos esa nerviosidad inicial. Ese temblor. Ese desconocido que despertó la bestia. Ya no soy la misma. El placer anal, adictivo. La felación, arte mío. Inocencia ida. Horizonte abierto. Nervios se fueron. Queda vicio.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *