En nuestra sala de estar, la puerta entreabierta apenas un resquicio. El corazón me latía fuerte. Esperaba, escondido, con el aliento contenido. Él, el hombre de sesenta años que parecía más joven, charlaba con mi esposa. Verdes en mano, la propuesta salió natural. Ella aceptó sin dudar. Se duchó rápido. Volvió en bata. ‘¿Lista?’, dijo él. Yo, fuera de escena, me posicioné. Luz tamizada. Postura perfecta para espiar sin ser visto.
Nervios me comían vivo. ¿Y si ella se niega? ¿Y si él pasa de la raya? Miedo a perderla, pero un cosquilleo en la entrepierna me traicionaba. Antes odiaba las miradas ajenas. Mini faldas que dejaban ver sus pantys. Celos que ardían. Ahora, esto. Evolución retorcida. Él le dijo que se pusiera cómoda. Ella se quitó la bata despacio. String negro contra bronceado. Se tumbó boca abajo. Pechos rozando la sábana. Yo ya sentía la polla endurecerse.
La espera tensa: miedo y deseo entrelazados
Él untó aceite en manos. Masaje convencional al principio. Espalda, hombros. La hizo girar. Máscara en ojos. Relajación falsa. Manos subieron a pechos. Los masajeó lento. Pezones endureciéndose bajo dedos aceitosos. Ella suspiró bajito. Mi erección crecía. Dolía de lo tiesa. Cambio de posición. Boca arriba otra vez. Serviette vieja bajo ella. Piernas abiertas un poco. Manos subiendo muslos. Interior suave. Frío aceite goteando.
Más arriba. Cuádriceps temblando. Dedos rozando el borde del string. Murmullos. No oí palabras, pero entendí. ‘Quítatelo, no se manche’. Ella obedeció. Lentísima. Arqueó cadera. Tela negra deslizándose. Coño depilado a la vista. Labios hinchados ya. Él lo vio todo. Yo también. Primer contacto visual con su intimidad expuesta a otro. Polla goteando precúm en mi bóxer. Nervios eléctricos. ¿Era esto normal? ¿Perversión?
El instante brutal: contacto y placer prohibido
Aceite en espalda ahora. Goteó por nalgas. Raia húmeda. Dedo hábil lo siguió. Indiscreto. Entró suave. Ella se cambró. Gemido ahogado. Cadera moviéndose al ritmo. Placer ajeno ante mis ojos. Yo, tieso como nunca. Bandérrima total. Mojado el slip. Él experto, no forzó más. Terminó sin correrse. Bulto en su pantalón lo delataba. Se fue sonriente. Demostración hecha.
Ella se levantó. Ojos brillantes. No sabía que yo vi todo. Noche loca después. Follamos como animales. Recuerdos que queman. Inocencia rota. De celoso a candaulista en una sesión. Ahora, horizonte abierto. Aquella primera vez, marca indeleble. Nervios dulces. Excitación pura. Fin de miedos viejos.