Llego temprano a la playa de Mónaco. El sol cae, pero el aire quema mi piel. Me depilo la concha esa misma tarde, recordando tu comentario de la vez anterior. No, esta es la primera real. El maillot bajo la bata de playa. Tiro la toalla cerca de las rocas. El agua está helada, me mojo los pies y retrocedo temblando. Me visto rápido, el corazón late fuerte. Te escribo: ¿Ya acabaste? Silencio. Me duermo al sol, semidesnuda, ansiosa. El móvil vibra. Respondes. Llegas pronto. Te veo de espaldas, alto, delgado, musculoso. Esa sonrisa. Me paralizo. Intimidada, excitada. Quiero besarte hasta ahogarme, pero no me atrevo. Horas devorándote con los ojos. Caricias tímidas. Mi mano en tu piel envía descargas a mi entrepierna. Frustrada, el sitio está lleno de gente. Quiero montarte ya, pero me contengo. Como una perra en celo reprimida.

La noche cae. Caminamos por tierra resbaladiza. Te sigo muda, el pulso acelerado. Encuentras el sitio perfecto. Un pino enorme exhala savia. La luna refleja en el mar. Claro-oscuro mágico. Mis sentidos en alerta. Me dejo llevar. Saco tu polla, dura ya. La chupo ansiosa, sin delicadeza. Quiero que bandes rápido. Me empalo en ti. Ese instante en la entrada de mi concha, antes de hundirte todo. Me vuelve loca. Fuego devorándome. Muevo las caderas apenas y ya quiero correrme. Tu olor, tu nuca bajo mi mano. Pierdo la cabeza. Me das la vuelta. A cuatro patas, me penetras hondo. Tus embestidas avivan el placer. Quiero que me azotes, que tires mi pelo. ‘¡Sigue, Emmanuel, por favor!’. Ruido lejano nos para. Abandono tu polla con rabia, aún húmeda y palpitante.

La espera temblorosa al borde del mar

La banquette trasera de mi coche. Exiguo, pero perfecto. Tu olor a sexo me invade. Te chupo de nuevo. Bandas rápido, duro. Me subo encima. Tu cuerpo potente contra el mío. Huelo tus cabellos. Corro fuerte, gimes. Eyaculas caliente entre mis muslos. Lo respiro, excitante. Quiero tragártelo algún día, sentir tu sabor en la garganta. Después, te masajeo las manos. Placer íntimo, más allá de la carne. Conversamos. Sé que debo irme, Marc espera. Pero tu semen chorrea aún. Culpa fugaz, pero fiel a ti, no a él. Esta primera vez rompe todo. Mi inocencia hecha añicos. Obsesión total. Tu mirada profunda, sonrisa demoledora. ‘Koi no yokan’. Sabía que pasaría. Ahora, mi alma es tuya. Marc sufre, yo vibro. Si fuera a repetir, lo haría mil veces. Pero prometí parar. Imposible. Me has marcado para siempre. Dolor dulce, adicción eterna.

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