Me metí en ese recodo al final de la última escalera, el corazón latiéndome como un tambor desbocado. La moqueta raída bajo mis pies olía a polvo viejo y humedad parisina. Arriba, el ascensor de reja chirriaba. Sophie y él subían, ajenos a mí. Su voz, ronca de urgencia: ‘No, prefiero que nos quedemos aquí. Y que me folles en la moqueta’. Nervios me atenazaban. ¿Y si me descubrían? ¿Y si ella se perdía del todo? Pero el deseo ardía más fuerte. Esperé, conteniendo la respiración, el cuerpo tenso como un resorte.

Oí pasos. Rápidos, ansiosos. Se detuvieron cerca. Silencio roto por risas ahogadas, besos húmedos. Me asomé apenas. Sophie contra la pared, falda subida a la cintura, piernas abiertas. Él, ese arrogante de traje, manos en sus muslos. Ella jadeaba, ojos cerrados, rubor en mejillas. ‘Despacio’, murmuró, pero sus caderas se arqueaban. Yo temblaba, polla dura presionando el pantalón. Miedo a que pararan, pánico a que siguieran. Primera vez viéndola así, vulnerable y salvaje. El aire cargado de su perfume mezclado con sudor.

La Aproximación: Espera, Miedo y Deseo Entrelazados

Él la giró, falda arrugada en caderas. Manos bajaron su tanga, blanca y empapada. Cayó al suelo. Sophie se apoyó en la pared, culo en pompa, invitándolo. ‘Hazlo ya’, suplicó. Él se desabrochó, polla gruesa saltando libre. Roja, venosa. La frotó contra su raja húmeda. Ella gimió, maladroita, torpe como virgen. Empujó. Entró despacio, centímetro a centímetro. Sophie ahogó un grito, uñas en yeso. ‘¡Dios, qué grande!’, susurró. Él embistió, salvaje. Cuerpo chocando, piel sudorosa. Pechos rebotando libres bajo la camiseta. Yo observaba, fascinado, mano en mi entrepierna frotando sin control.

El Instante: Contacto Brutal y Descubrimiento Físico

Ritmo frenético. Él la agarraba caderas, dedos hundiéndose en carne blanca. Sophie gemía bajo, cabeza echada atrás, pelo revuelto. ‘Más fuerte, fóllame como puta’. Palabras crudas, nunca oídas de ella. Sudor goteaba, moqueta manchada. Él gruñía, bolas golpeando su clítoris. Ella temblaba, orgasmo acercándose. Malabares torpes: él resbaló, ella rio nerviosa, excitada. Volvió a penetrar, profundo. Ella convulsionó, venida brutal, piernas flojas. Él siguió, hasta correrse dentro, chorros calientes llenándola. Se derrumbaron, jadeos entrecortados.

Se separaron. Semen chorreando por muslos de Sophie, brillando bajo luz tenue. Ella se recompuso, falda bajada, sonrisa culpable. Él besó su cuello, murmuró promesas. Bajaron escaleras, riendo. Yo esperé, cuerpo febril, semen en calzoncillos. Salió ella sola después, radiante, pecadora. Encontrándonos en la calle, evitó mi mirada. ‘Fue… intenso’, dijo bajito. Esa noche, en casa, me folló pensando en él. Mi inocencia rota. Ya nada igual. Dolor dulce, adicción nueva. Primera vez del cache-cache. Horizonte abierto, innocence perdida para siempre.

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