Recuerdo esa noche de fin de año como si fuera ayer. Estaba en mi sillón, whisky en mano, destrozado por su mensaje. Annus horribilis, pensé. 2009 había sido un infierno. Ella, mi amante esquiva, me plantaba sin piedad. El corazón me latía fuerte. Miedo a que se hubiera arrepentido. Deseo de sus curvas. Semanas sin vernos. Vacaciones, stage, muerte de mi tío. Todo nos separaba. Pero su voz al teléfono me erizaba la piel.

La puerta sonó. Abrí temblando. ‘¡Sorpresa!’, dijo. Entró con abrigo largo. Ojos pícaros. Me miró como si leyera mi alma. Se quitó el abrigo despacio. Bustier negro de cuero. Culotte enrejada. Jarretelles. Medias ahumadas. Cuissardes hasta los muslos. Talones altos. Mi polla se endureció al instante. Nervios de adolescente. ¿Era real? Me senté. Ella se acercó. ‘Déjame hacer’, susurró.

La Aproximación

Manos expertas en mi pantalón. Bajó la cremallera. Sacó mi verga tiesa. Lamida lenta del tronco a las bolas. Luego, garganta profunda. Tosió un poco. Saliva abundante. Volvió a bajar. Hasta la base. ‘¡Joder, cómo me chupas!’, gemí. Malabares con lengua y mano. Aspiraba. Me corría en su boca. Tragó todo. ‘No es un sueño’, dijo. Me desnudó. Se quitó la culotte. Se tumbó en el sillón. Piernas abiertas. Invitación cruda.

Me arrodillé. Lamí sus labios mayores. Subí al clítoris. Penetré con lengua su coño chorreante. Bajé al ano. Lo rodeé. Dos dedos en su chocho. Uno en el culo. Fácil, lubricado. Otro dedo. Pulgar en el clítoris. Se corrió a chorros. Néctar en mi boca. Temblaba. Mi polla lista otra vez.

El Instante

A cuatro patas. ‘¡Encula me!’, suplicó. Agarré sus caderas. Cabeza de mi polla en su anillo fruncido. Empujé suave. Entró. Calor apretado. Inédito. Nervios en el estómago. ¿Le dolería? Dos embestidas lentas. Luego, fuerte. ‘¡Más duro! ¡Revienta mi culo!’, gritó. Golpes salvajes. Sus gemidos me volvían loco. Exclamaciones mías. Manos en sus nalgas. Me corrí profundo. Minuit sonó. ‘¡Bon anus!’, bromeó pegada a mí.

Después, abrazados. Sudor, semen, fluidos mezclados. Fin de mi inocencia. Ese culo virgen para mí abrió horizontes. Nervios disueltos en placer puro. Annus mirabilis. No sé si era la mujer de mi vida, pero sí de mis fantasmas. Su entrega total. Mi descubrimiento brutal. Ya nada fue igual. Eco de sus gritos en mi memoria. Tensión liberada. Horizonte nuevo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *