Estaba en el rellano del tercero. Sudado después de toda la mañana repartiendo. El paquete no cabía en el buzón. Toqué la campanilla falsa de cobre. Nervios en el estómago. Un tipo en marcel abrió. Detrás, ella. Desnuda. Silueta provocadora. “¿Quién es?”, preguntó. Él se burló: “¡Es quiii! Un repartidor guapo, moreno como la campanilla”. Mi corazón latía fuerte. Quería huir. Pero él insistió. Habló de la encuesta. De Bezos. De su mujer sin pudor. “Entra, chico. Ella tiene el coño ardiendo”. Me quitó la chaqueta. “Cámbiatela por un polvo rápido. Yo me visto de repartidor y voy a la vecina”. Tragué saliva. Manos temblorosas. El pasillo olía a sexo. Ella me miró. Ojos hambrientos. Mi polla se endureció contra la voluntad. Miedo y ganas revueltas. Entré. Puerta cerró. Silencio pesado.
Sus labios rozaron mi pantalón. Bajó la cremallera. Primera vez que una desconocida me chupaba así. Boca caliente. Lengua torpe al principio. Mi cuerpo rígido. Nervios me traicionaban. Intenté no gemir. Pero ella succionaba fuerte. Saliva goteando. Me arrodillé. Manos inexpertas en sus tetas. Blandas. Pesadas. Pezones duros como piedras. La besé torpemente. Sudor mezclado. Ella guiaba mi cabeza abajo. Coño húmedo. Pelo púbico negro. Lamí. Sabor salado. Inesperado. Mi lengua temblaba. Ella jadeaba. “Así, chico”. Me puse de pie. Polla fuera. Ella la engulló entera. Arcadas suaves. Yo empujaba. Inseguro. Luego, la tumbé en el sofá. Entré. Aprieto. Vírgen en esto. Dolor placentero. Ritmo torpe. Sudor en la frente. Ella clavó uñas. “Más fuerte”. Aceleré. Carne chocando. Olor a sexo crudo. Siffió algo. Puente sobre el río Kwai. Me giró. Ano apretado. Primeras en todo. Empujé. Quemaba. Grité bajito. Placer nervioso. Explosión dentro. Semen caliente. Ella convulsionó.
La aproximación: nervios y deseo en el rellano
Salí temblando. Vestido a medias. El tipo volvió. Chaleco puesto. Paquete en mano. Ella sonrió: “Coché todo. Se preocupó mucho. Me limpió. Siguió órdenes. En los plazos justos”. Yo rojo. Piernas flojas. Inocencia rota. Ya no era el chico del turno matutino. Algo cambió. Adrenalina post-sexo. Vergüenza dulce. Él rió: “Bezos estará contento”. Bajé escaleras. Paquete entregado de otra forma. Vecina en mente. Pero esa primera vez. Grabada. Nervios convertidos en vicio. Piel marcada. Coño y ano recordados. Fin de la pureza. Nuevo horizonte sucio.