Caroline se separó de mí a regañadientes. Se acostó de lado, acurrucándose contra mi pecho, en el hueco de mi brazo. En su dormitorio, el aire olía a sexo fresco. ‘¡Joder, cabrón! Hacía tiempo que no gozaba así’, soltó. Yo respondí: ‘Honestamente, yo tampoco. Eres tan deseable y no regateas’. Ella confesó: ‘Lo deseaba tanto. Te vi y, con mi marido ignorándome, solo pensaba en follar contigo’. El pretexto de la avería había sido perfecto. La había conocido como vecina. Un día, me llamó: ‘Dominique, ¿puedes venir? Se me ha estropeado algo’. Nervioso, excitado por sus curvas, fui. En el pasillo, sus avances fueron directos. Manos temblorosas, besos torpes al principio. Mi corazón latía fuerte. Ella, con miedo en los ojos pero fuego en el cuerpo. Yo, soltero alegre, respondí. Sus pechos pomposos, pezones endureciéndose. Vientre plano con cadenita de oro. Monte de Venus depilado en ticket de metro. Sexo liso, invitador. Sus caderas, piernas entreabiertas. Caresses suaves. Su piel temblaba. Mano al vientre, dedos en labios rasurados. Uno, dos, en su albaricoque chorreante de mi leche y su jugo. Mi lengua por su vientre, siguiendo la cadena. Su cuerpo se arqueó. Grito corto desde lo profundo.
Ante su cuerpo ofrecido, piernas abiertas, culo alzado, me coloqué entre sus muslos. Brazos bajo ellos. Ella enredó piernas, atrajo mi cara. ‘¡Chúpame! ¡Fóllame con la lengua!’. Besé interior de muslos. Subí al pubis. Bajé a labios suaves, abiertos por mi lengua. Lamí mi semen mezclado con su flujo. Llegué al clítoris, hinchado como minipolla. No resistió. Tembló. Riñones alzados. Manos fijas en mi cabeza. Se corrió fea larga, rostro oscilante. ‘¡Cabronazo, eres un demonio!’. Yo bromeé: ‘Solo te escuchaba masturbarte’. Se levantó. A rodillas. Embocó mi polla ávida. La tragó entera. Succión suave y rápida. Uñas arañando. Dientes mordiendo. Lengua en glande. Manoseando huevos, chupándolos uno a uno. Messalina total. Se posicionó encima. Se sentó en mi cara. Yo gobé su albaricoque. Lenguas en sexos ajenos. Mezcla de polla y coño. Mi lengua rozó entre coño y culo. Humedecí dedo. Masajeé su ano plisado. Se relajó. Empujó. Dedo dentro. Luego dos. Explorando su culo volcánico con sus ondulaciones. Ella mamaba mi verga tiesa. Pero quise más. La alcé por caderas. ‘¡Impálate!’. ‘¿Dónde?’, fingió inocente. ‘Donde quieras’. ‘Tengo miedo, eres enorme’. La giré. Polla en coño húmedo. Se hundió despacio hasta el fondo. Pubis contra pubis. Onduló. Músculos apretando, aspirando. Sensación única. Le trabajé tetas y clítoris. Ella cabalgaba acelerando. Se retiró. A cuatro patas. ‘¡Encula me!’. Mano en coño, lubricó raja. Abrí nalgas. Glans en ano. Presioné lento. Se abrió. Absorbió hasta la base. Manos en caderas, tetas. Mordí oreja. Vaivén suave. Ella masturbaba coño. Cambié a coño. Folle fuerte. Eyaculamos juntos. Grito gutural. Cuerpos colapsaron.
El Acercamiento: Espera, miedo y deseo
Nos separamos. Ella en mis brazos. ‘Gracias, Dominique. Nunca tantos orgasmos’. Confesó masturbaciones solitarias, juguetes. Yo oculté mis orgías en playas, saunas, clubs. Brindamos. Ella sorbió mi polla con hielo y alcohol. Frío-calor. Me la puso dura. Se empaló. Danza lenta acelerando. Otro orgasmo mutuo. Dormimos. Despertamos. ‘¡Mi marido viene!’. Pero ella guio mi mano a su coño húmedo. Se puso oreja abajo, almohada en riñones. Piernas abiertas. Clítoris hinchado. Me hundí lento. Tender, sin prisas. Sus músculos ordeñaban. Se corrió. Yo la seguí. Ella lamió restos. Beso con sabores mezclados. Me echó. ‘Ven esta noche’. Salí saboreando nuestra unión. Mi inocencia rota. Horizontes abiertos. Nervios convertidos en adicción.