Llegamos a mi apartamento. Él chorreando del río helado. Yo temblando de culpa y excitación. Le ordené desnudarse en la entrada. Se quitó todo. Su polla, encogida por el frío, pero imponente. Me ardía la piel. ‘Incluso el slip’, dije. Obedeció. Desnudo. Gigante. Nerviosa, lo miré. Pecho ancho, muslos potentes. Mi corazón latía fuerte. Lo envié a la ducha. Pero él dijo: ‘Ven conmigo’. Me sonrojé. No sabía qué hacer. Me desvestí despacio. Capas de ropa. Culotte, sujetador. Mis pechos pequeños, duros. Mi triángulo oscuro. Él me miró. Su verga se irguió. Roja, curva, enorme. Me aterrorizó y me atrajo. Me tomó la mano. Entramos en la ducha. Agua caliente. Su brazo alrededor. Cuerpo contra cuerpo. Su mano en mi culo. Amasándolo. Suave. Yo quería controlarlo todo. Siempre lo había hecho. ‘Suéltame’, murmuré. Tomé gel. Lo enjaboné. Pecho, brazos, vientre. Llegué a su polla. La envolví. Deslicé. Sus huevos pesados en mi palma. Aceleré. Él gimió. ‘Béné, no…’. Demasiado tarde. Chorros calientes. En mi mano, vientre. Me frustré. Lágrimas. Salí corriendo. ‘Lávate solo, cerdo’. En la cocina, peinador grande. Él entró con toalla. ‘Te quiero a ti’. Se arrodilló. Abrió mi peinador. Me levantó como un balón. Sobre la mesa. Piernas abiertas. Su cara entre mis muslos. ‘Acércate. Sin tocar’. Olía a sexo. ‘Separa labios’. Sus dedos gruesos. Encontró mi clítoris. Temblé. Electricidad. Lamió. Lento. De abajo arriba. Insoportable placer. Montaba. Gritos. Muslos apretando su cabeza. Orgasmo brutal. Nunca así. Me derrumbé.

Su turno. Se irguió. Polla tiesa. Me acercó a mi entrada. ‘Toine, despacio. Soy pequeña’. Empujó. Centímetro a centímetro. Llenándome. Paradisíaco. Al fondo. Inmóvil. Caricias en mis tetas. Salió lento. Entró fuerte. Como en melé. Potencia. Me partía. Gritos míos. ‘¡Sí! ¡Destrózame!’. Manos en mis caderas. Me follaba salvaje. Mesa resbaladiza. Sudor, jugos. Yo molida. ‘Ven’. Él gruñó. Sacó. Semen en mi vientre. Se desplomó sobre mí. Pesado. Perfecto. Lo abracé. ‘Mi super macho’. Al cama después. Follamos sin parar. Domingo. Desnudos. Exhaustos. Él miró mis pechos. ‘Hermosos’. ‘Míos son’. ‘Tuyos cuando follamos’. Me tocó. ‘Chupa’. Obedecí. Su polla revivió. Pero eso ya era otra vez.

La aproximación: espera, miedo y deseo

Ahora lo recuerdo. Nervios en el estómago. Ese desconocido enorme. Mi inocencia rota en esa mesa. Dolor placentero. Descubrimiento. Ya no era la misma. Solitaria bibliotecaria. Ahora suya. Maladroite excitante. Tensión que explotó. Fin de semana eterno. Placeres nuevos. Horizonte abierto. Nerviosa aún lo evoco. Corazón acelerado. Como primera vez.

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